domingo, 25 de octubre de 2009
Fiesta Sorpresa - Capítulo XI: “Intercambio entre clanes”
Summary: Somos el clan latino, y Joy está por cumplir años... hay que organizarle una fiesta, pero a quién podemos invitar??? (adivinen!)
Advertencia: Rating M
Capítulo XI: “Intercambio entre clanes”
Alec’s POV
- Joy. Volvió a decir la criaturita- Y no sólo ella. Naty y Kokoro los perseguirán hasta el fin del mundo.
La Tierra pareció moverse debajo de mis pies. ¿Por qué justo tenía que nombrar a esa arpía? Una misión exclusiva para reclutar a los mayores talentos del mundo, y resulta que el almuerzo es su pequeña amiguita. Mataría a Alice por no anticipar que en la reunión habría lobos. No me importaba lo apegado que estuviera Aro a ella. Sus visiones siempre tenían “fallas” cuando se trataba de mí. Si lo hubiéramos sabido, hubiera sido fácil darnos cuenta de quiénes eran estos. Junté todo mi auto control para sonar tranquilo.
- Vamos James. Déjala en paz.
James gruñó haciendo eco de mi irritación.
- Ya me oíste. Vamos. –Intenté controlarme y sonar autoritario. Lo miré de reojo para asegurarme de que me seguía.
- Tienes suerte, niña. ¿Y qué harás con los otros?
- El efecto les durará lo suficiente para que nos alejemos unos kilóme… -me quedé helado. Había vivido por incontables siglos, y nunca había visto bellaza tan esplendorosa como la de la vampiresa que permanecía quieta bajo mi poder. Intenté no tartamudear- ¿y esa quién es?
Me acerqué bastante para verla en detalle. Sus rasgos me llamaban como nunca antes me había pasado. Su cuerpo, agazapado y preparado para saltar, me llamaba a gritos. Sus ojos avellanados –ahora ausentes- me atraían como imanes, a pesar de ser de un antinatural tono dorado.
- Por favor, no la lastimen. –Susurró una de las pequeñas, dudosa de pronunciar las palabras que salían de sus labios. No era la del clan de Joy, supuse que sería una protegida de las vampiresas. Usé la voz que empleaba para tranquilizar a los humanos cuando acompañaba a Heidi a alguno de sus viajes de pesca.
- No lo haré. Sólo quiero saber su nombre –no despegué mis ojos de la figura que me había cautivado. La humana vaciló, pero sabía que la había convencido. Nadie podía resistirse a nosotros cuando eso era lo que nos proponíamos.
- Angy. –Soltó dudosa. Sonreí y asentí con la cabeza.
- James, cambio de planes. Me quedo con la chica.
- ¡No! –Escupió la humana- ¡Dijiste que no la lastimarías!
Debía admitir que la niña tenía agallas.
- Bien. Más diversión para mí. –Me contestó James haciendo caso omiso de la chica.
Nos paramos en frente de ellos, un poco más lejos de lo que estábamos antes, y dejé que la niebla -invisible para todos menos para mí- se desvaneciera lentamente.
El lobo tomó aire y cayó de rodillas al piso. Qué débil. Sólo había dejado de respirar por unos minutos. No más de cuatro o cinco. Era increíblemente fácil de derrotar. Las mujeres, por otro lado, no se dieron ni cuenta del lapso en que las había “desconectado”. Angy completó su salto. No me había dado cuenta hasta ahora que estaba parado exactamente en la trayectoria de su caída.
Azul’s POV
De pronto, el lobo cayó al piso como si se hubiera ahogado. Lo miré por una milésima de segundo y luego volví a fijar mi vista en los enemigos. Angy había saltado derribando a uno, y el otro tenía las manos levantadas, flexionando los dedos indicándome que me acercara. Me estaba retando a pelear.
- ¡Perro! ¿Estás bien? –grité sin apartar la vista de James. El lobo asintió- ¡Pues saca a mi hermana de aquí! ¡Ahora!
Lo vi levantándose antes de salir corriendo detrás del vampiro.
Seth’s POV
¿Qué rayos? Me desplomé en el piso, sin aire, intentando respirar como si hubiera estado bajo el agua por demasiado tiempo.
- ¡Perro! ¿Estás bien? –asentí. Me parecía que ahora estaba bien. Podía respirar correctamente, a pesar de tener la sensación de que el aire no me alcanzaba- ¡Pues saca a mi hermana de aquí! ¡Ahora!
Tenía razón. Debía levantarme. La otra humana me importaba, era inocente, pero lo que me obligó a levantarme fue el fuego que me recorrió desde el hombro cuando la mano de Robin se posó ahí. Un pensamiento se repitió como eco por mi cabeza: Debía sacar a Robin de aquí. Me levanté como si nada me hubiera pasado. Me sentía totalmente repuesto de lo que sea que fuera que me había pasado.
- ¿Seth? –Su voz sonaba angustiada mientras que por el rabillo del ojo me aseguraba de que la vampiresa tuviera controlado al chupasangre. Lo tenía inmovilizado y parecía estarle hablando por lo bajo. No me preocupé por lo que estaban diciendo. Mientras no se le escapara, por mí estaba bien.
- ¿Están bien? –Pregunté en plural pero mirando a Robin a los ojos. Ambas asintieron y les pregunté si podían correr. Faltaban unos dos o tres kilómetros para llegar a la casa. A la manada. Comenzamos a correr, pero ellas no lo hacían lo suficientemente rápido. Y yo no planeaba dejarlas atrás. Cualquier vampiro podría alcanzarnos en cuestión de segundos.
En esta forma podría llevar a una, pero dudé que la otra pudiera sostenerse bien de mi espalda. Sin embargo, debía hacer el intento. Cuando nos alejamos un poco, me paré en seco.
- Esperen, esperen. –Ambas se detuvieron. Señalé a la chica bajita- Tú. ¿Cómo te llamas?
- Violeta. –Asentí.
- ¿Crees poder sostenerte de mi espalda?
- Si, lo hago todo el tiempo con mi hermana. –¿Su hermana? Entonces no le había escuchado mal a la otra. Eran hermanas. Una vampiresa y una humana. Sacudí la cabeza. No era el momento para ponerme a cuestionar el árbol familiar de la gente que había salvado al amor de mi vida.
- Bien. Sube. –Le indiqué dándole la espalda. Miré a Robin, y parecía que iba a explotar de la rabia. Su cara estaba roja y sus puños apretados, a pesar de que su expresión era controlada. Casi estratégicamente ausente. Sonreí. Parecía celosa, y adoré la idea.
Me agaché un poco mientras Violeta se trepaba a mi espalda, y luego extendí los brazos hacía Robin.
- ¿Puedo? –Su boca se abrió y su cara se tornó todavía más roja. Afirmó con la cabeza. La tomé en brazos, como a un bebé, intentando ignorar el fuego que me provocaba su piel, y comencé a correr. Era uno de los que más rápido corría en la manada. Como lobo estaba cerca de igualar a Jake, y como humano casi podía alcanzar la velocidad de un vampiro.
Angy’s POV
Caí encima de uno de los vampiros, a pesar de que había calculado caer detrás, para rodearlos. De todas formas, lo inmovilicé, apretando sus brazos con las manos, apretándolo contra el piso. También impedía que moviera las piernas, porque me había puesto a horcajadas sobre su cadera, para que no pudiera escaparse.
- ¿Qué buscan? –Le exigí.
- Somos parte de los Volturi. –Dijo tranquilo. Demasiado tranquilo.
- Eso no contesta mi pregunta. –Repliqué con tono seco.
- Sí lo hace, estamos en una misión. Reclutamientos y esas cosas.
Sonaba relajado. Y parecía relajado. Ví por el rabillo del ojo como el lobo recuperaba la cordura y se llevaba a Violeta de aquí.
- ¿Y qué querían con la parejita?
- Comer. –Dijo simplemente-. Que yo sepa no es contra las leyes alimentarse de humanos –hizo una pausa-. Lo que sí es ilegal es atacar a alguien de la guardia Volturi.
Dudé ante la posibilidad de que me descuartizaran, pero no aflojé mi agarre. No quería que se me escapara. Sacudió la cabeza y calló la capucha que le cubría parte del rostro. Tomé aire. No lo había notado, pero el chico era de verdad hermoso. Sonrió levemente al notar mi expresión.
- Te ordenaría que te movieras, pero –movió sus caderas debajo de las mías, restregándose contra mí- estoy bastante cómodo.
Lo sentí apretándose contra mí y se me hizo agua la boca. El bulto en sus pantalones se notaba duro y ansioso. Me mordí el labio. No solo era increíblemente atractivo, sino que no tenía ningún problema para decir lo que quería… y eso me volvía completamente loca. Me aseguré de reojo que el lobo ya hubiera desaparecido de mi vista. Sacudí un poco la cabeza. Quizás fuera un vampiro persuasivo, o algo así. Definitivamente sabía cómo persuadirme a mí.
- Ya puedes soltarme, por cierto. No planeo ir a ningún lado.
Dejé de apretar las manos, pero no las moví de sus brazos. Me gustaba sentir sus músculos bajo mis dedos a través de la tela.
- ¿Quién eres? –Le pregunté intentando mantener el mismo tono de antes. No tuve mucho éxito.
- Alec. A tus órdenes para cualquier cosa que necesites –se incorporó y mis manos se resbalaron de sus brazos. Su boca se acercó a mi oído. Debería detenerlo. Era peligroso dejar que se acercara así a mi cuello, pero no me podía mover-. Y me refiero a cualquier cosa –susurró haciendo que el aire que escapaba de su boca chocara contra la piel de mi cuello. Me estremecí y apreté mi entrepierna contra la suya instintivamente.
Gruñó y volvió la cara para estampar sus labios contra los míos. Sus movimientos eran seguros, su lengua me invadía ansiosa, jugando con la mía. Besaba como alguien que había tenido siglos de practica.
Sentí cómo sus manos se movían para meterse por debajo de mi abrigo y tiré los brazos para atrás para que pudiera quitarlo.
Hice lo mismo con su capa, para dejar al descubierto una camisa blanca que quedaba perfecta con los jeans que llevaba. Me llamó la atención lo moderna que parecía su ropa. La capa parecía ocultar un atuendo de estilos del siglo pasado.
Lo sentí aferrándose a mi camisa por los lados, preparándose para arrancarla. Abrí los ojos y puse mis manos en las suyas.
- No. Tengo una reputación que mantener. –Sonrió de lado soltando los puñados de tela.
- Como prefieras. –Volvió a besarme mientras sus dedos ágiles soltaban los botones de mi camisa. Hice lo mismo con la suya, ¿Cómo se vería si el guardia de los Volturi volvía medio desnudo a encontrarse con su compañero?
Me rodó por el piso con fuerza, sin separarse de mis labios, y posicionándose sobre mi cuerpo de forma que quedara ligeramente suspendido sobre sus rodillas. De todas formas, se las arreglaba para pegar su boca a mi cuello. Sentí que debía hacer algo, evitar que se paseara por lugares tan arriesgados como mi cuello… pero los gritos de mi cuerpo aturdían a mi cabeza.
Mientras una de sus manos me movía entre la camisa –ahora abierta- y mi cintura, la otra bajaba por mi estómago hasta llegar a los botones de mis jeans. Noté que los bajaba y subí la cadera para hacerlo más fácil. Se alejó para sacarlos por completo, y luego volvió a besarme, esta vez, apretándose completamente contra mí. Gemí cuando sentí presionándose contra mí, y volví a voltear nuestros cuerpos para quedar sobre él de nuevo.
Esta vez se incorporó para quedar sentado debajo de mí. Bajé mi mano como rayo a sus pantalones y los desabotoné en menos de una milésima de segundo, liberando lo que me esperaba.
- Esto no lo necesitas para tu reputación. –Dijo mientras arrancaba por un costado de mi cadera la ropa interior de encaje rojo que había escogido anoche, antes de salir. Me estremecí y me erguí sobre mis rodillas para sentirlo jugueteando en mi entrada. Apenas mis senos estuvieron al alcance de su boca, su lengua se encargó de jugar astuta con mis pezones, rodeándolos y apretándolos entre sus labios.
Me dejé caer para sentirlo completamente dentro de mí de una sola vez. No había tiempo para arrumacos, debíamos ser rápidos, por si su compañero volvía del bosque. Levanté la vista hacia allí. Preguntándome por primera vez cómo estaría Violeta con el vampiro que acompañaba a mi amante de ensueños. Se me retorció el estómago por pensar que él era del clan enemigo. Éramos de clanes enemigos, con fines y creencias totalmente opuestos.
Pero Alec notó mi vacilación, y puso sus manos en mi cintura, empujándome hacia abajo y haciendo que me apretara más contra él, y que perdiera el hilo de mis pensamientos. Me estremecí y comencé a moverme rápido, haciendo círculos con la cadera al tiempo que subía y bajaba sobre él.
Sentí sus manos moverse por mi espalda, subiendo hasta enredarse en mi cabello. Tomó dos puñados de él, y tiró hacia atrás para que mi cara quedara mirando el cielo y poder regresar su lengua a mis pechos, moviéndose de uno a otro en el momento perfecto.
Me estremecí y aumenté la velocidad por su rudeza, su desesperación. Bajé el ritmo cuando comencé a venirme, mordiéndome los labios y cerrando los ojos, pero no era sólo la cabeza lo que me daba vueltas. Cuando abrí de nuevo los ojos, estaba de espaldas en el piso, Una de sus manos inmovilizando mi brazo, justo como yo había hecho antes con el suyo. Lo vi embistiéndome más duro que antes, más rápido de lo que yo lo hacía, clavándose en mí una y otra vez, entre gruñidos y gemidos desformados.
No tardé casi nada en venirme de nuevo. Sabía lo que hacía. Supuse que decía mandarles notas de agradecimiento a todas las demás vampiresas con las que había practicado. Sonreí cuando su rostro se contrajo por el placer y cerré los ojos para concentrarme en la satisfacción de sentirlo viniéndose dentro de mí. Cuando volvió a respirar, lo hizo de forma acelerada e irregular. Se sostuvo sobre sus brazos y apoyó la cara en mi hombro, no besándome ni nada por el estilo, sólo intentando recuperar el uso de sus facultades mentales, así como yo intentaba desesperadamente encontrar las mías.
Después de unos segundos, giró y cayó a mi lado, sobre su capa. Me quedé quieta un momento, hasta que sentí que mi entrepierna dejara de arder por su ausencia y luego estiré el brazo para buscar mis pantalones.
Edward’s POV
“De acuerdo, ya no escuches las mentes de los demás”. La frase resonaba en mi cabeza como música para mis oídos. Por primera vez desde que tenía memoria, el constante murmullo que permanecía como música de fondo en mi cabeza, había desaparecido. No percibía las mentes de los invitados de abajo, pero si seguía escuchando la de Joy. Era increíblemente relajante, y tenía una sensación de privacidad que nunca había sentido antes.
Tenía la idea de estar metido bajo el agua, o en una burbuja que me separaba del resto del mundo. Nunca había sido tan feliz. La única mente que me interesaba escuchar era la única que se apreciaba melodiosa por mi cabeza, preguntándose ahora, si su orden había surtido efecto o no.
Joy’s POV
A penas le ordené que no escuchara a los demás, Edward se quedó quieto, muy quieto. Parecía querer concentrarse en algo muy específico. Por un momento, a pesar de saber que era imposible, me pregunté si mi poder tenía tales alcances como los que él profesaba. De verdad era una locura que pudiera anular las habilidades de los demás vampiros. Era cierto que nunca lo había intentado, pero es que nunca se me había ocurrido que pudiera ser posible.
Me mordí el labio cuando paseé la vista por el cuerpo desnudo e inmóvil de Edward, en tal serenidad, se veía como una estatua tallada por los dioses. Edward comenzó a sonreír, y me pregunté si era por la falta de voces, o por mi babeo mental.
- Un poco de los dos –me dijo volteándose para apoyarse sobre su codo y mirarme a la mente.
- Entonces todavía me escuchas –asintió pensativo.
- Sí. Pero sólo a ti te escucho. Creo que tiene que ver con el hecho de que dijeras “las mentes de los demás”. Cómo si eso te hubiera excluido de la oración, o algo así.
- ¿Entonces no escuchas a nadie abajo? –comencé a sonreír un poco mientras negaba con la cabeza.
- No. –pareció confundido, pero luego una sonrisa torcida hizo que olvidara lo que le acababa de preguntar- Nunca había sentido tanta… intimidad.
Se movió más cerca de mí, y me dejó sin aliento con un beso profundo y despreocupado que no se parecía en nada a los anteriores. Ahora sólo se concentraba en mí, en nosotros, en lo que pasaba dentro de esta habitación.
jueves, 15 de octubre de 2009
Fiesta Sorpresa - Capítulo X: "La Competencia"
Summary: Somos el clan latino, y Joy está por cumplir años... hay que organizarle una fiesta, pero a quién podemos invitar??? (adivinen!)
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Nota: ESTE CAPI ES PARA EL CUMPLE DE MER! FELIZ CUMPLE DIVINA!!! SORRY POR LA TARDANZA, EN NPM LO PUBLIQUÉ ANTES, PERO ACA NO PUDE :s TE ADORO!!!!!
Capítulo X: “La Competencia”
Mer’s POV
Este fanfarrón se iba a tener que tragar todas sus palabras. Le probaría que no era una muñequita. Podía vencerlo hasta con los ojos cerrados. Yo estaba que irradiaba rabia. Y él parecía tan relajado, tan confiado. Eso era lo que más me molestaba. Lo seguro que parecía que de que iba a ganarme. A aplastarme, mejor dicho… Pero con esta neófita no era bueno meterse. Y lo iba a entender de una forma o de otra.
- Te vales mucho de tu fuerza, no… ¿como era tu nombre? –Lo recordaba, había estado imaginándomelo sin ropa toda la fiesta, pero no quería darle esa satisfacción. Me miró por un segundo, parecía divertido por la pregunta y luego volvió la vista hacia delante, encogiéndose de hombros.
- No te preocupes, yo tampoco recuerdo el tuyo. –No me contestó-. ¿Y que vamos a hacer? ¿Arrojar piedritas a ver qué tan lejos llegan?
Asentí y le hice un gesto con la mano para que me siguiera hacia el lado opuesto al arrollo. Corrimos un par de kilómetros y luego me detuve cuando creí que estaríamos lo suficientemente lejos de cualquier tipo de civilización. Después de todo, no quería que a algún pobre desprevenido le agujereara la casa una piedra voladora.
- Creo que aquí estará bien. –Le comenté.
- Ah, bien. Creí que seguirías corriendo por siempre para evitar que te ganara, princesita.
Me hirvió la sangre y lo atravesé con la mirada. Otra vez tenía ganas de hacerlo pedazos. Apreté los puños, conteniendo la necesidad de golpearlo y le hablé a través de los dientes.
- ¿Quieres empezar tú?
Asintió y tomó una roca pequeña, como del tamaño de un balón de playa.
- ¿Cómo las distinguimos? –Me preguntó. Me acerqué y con la uña tallé un “1” en la superficie de la roca. Tomé una del piso de aproximadamente el mismo tamaño e hice lo mismo, tallando ahora el número “2”. Se rió y me dijo en tono burlón:
- Veo que sabes quién es el número uno. –Sentí como mis ojos se oscurecían por la ira. Pero no debería matarlo. O eso continuaba repitiéndome.
- Sólo lánzala. –Casi le gruñí. Sonrió de nuevo y luego lanzó la piedra lo más fuerte que pudo. Llegó a varios kilómetros de distancia. Por suerte había calculado bien la extensión de bosque como para que no matara a ningún humano. Sonrió, claramente satisfecho con su lanzamiento.
- Tu turno. –Me indicó con esa sonrisa de suficiencia mientras palmeaba sus manos quitándose el polvo. Tomé la piedra marcada como “2” y la lancé en la misma dirección, lo más fuerte que pude.
- Bien. Ahora busquémoslas. –Le dije una vez que vi que mi tiro era mejor que el suyo.
Comenzamos a correr de nuevo, adentrándonos más y más en el bosque. Cada vez todo se volvía más oscuro y frondoso, claro que eso no nos dificultaba en absoluto seguir la trayectoria de las rocas que habíamos trazado en nuestras mentes. Varios kilómetros más adelante, cuando creímos llegar al trozo de bosque en el que era posible se hallaran, hablamos de nuevo.
- Separémonos un poco, tú ve unos diez metros más allá. –Me dijo sin dejar de correr. Detesté obedecerlo, pero era una buena idea. Varios cientos de metros después, me topé con lo que buscábamos y paré de correr.
- ¡Hey! –Lo llamé. Frenó y volteó hacia mí.- Encontré la mía.
Se acercó a paso casi humano mientras yo me agachaba para recoger un pedazo de roca.
- No creí que la hubieras arrojado tan cerca. Que desilusión. –Me sonrió. Esta vez, le devolví la sonrisa, una malévola y calculadora.
- ¿Ah, si? Pues creo que tú tampoco llegaste tan lejos. –Le contesté arrojándole a las manos el trozo de piedra que había levantado. Tenía grabado un “1”. Lo miró por unos segundos y luego prestó atención al montón de rocas que había en el piso. Al parecer, la mía había caído sobre la suya, y ambas se habían destrozado con el golpe.
- Esto no prueba nada. –Levanté una ceja. Ahora seguro me decía que todas las rocas tenían tallados números.- Seguro lo hiciste mientras no te miraba.
- ¿Disculpa? –le dije indignada y levantando la voz.
- Si, no te preocupes, te disculpo. Pero debemos hacerlo de nuevo, muñequita. Esta vez te tendré vigilada. No quiero que hagas trampa otra vez.
Esa fue la gota que derramó el vaso. Si me quería provocar, definitivamente lo había logrado. Que me llamara tramposa no era de las cosas que pensaba soportar.
- Mira, niñito de crecimiento exagerado. No se quien te crees que eres, pero a mi nadie, repito: nadie, me llama tramposa. Puedo ser muchas cosas, pero el hecho de que no puedas aceptar que te ganó una “muñequita”, no quiere decir que yo deje que tú hagas trampa pidiendo que lo hagamos de nuevo.
Me le había acercado, y reforzaba mis palabras golpeando su pecho con el dedo índice mientras las decía. Se rió de nuevo y tiró la cabeza hacia atrás.
- Lo que digas, pero hiciste trampa.
- ¡No! –Mi grito retumbó por entre los árboles y toda mi visión se tornó roja. Emmett saltó hacia atrás como si hubiera sido impulsado por la onda expansiva de una explosión. También escuché como la roca de detrás de mí se quebraba ligeramente por la descarga de poder.
Me quedé helada. ¿Acaso lo había alejado sin tocarlo? ¿Cómo rayos podía hacer eso? Que yo supiera no existía ningún poder para mover cosas a voluntad. Sacudí la cabeza e intenté aclarar la vista para ver a dónde había ido a parar.
Se había estampado contra un árbol enorme, ocasionando que se sacudiera por el impacto. Por primera vez, la sonrisa se borró de su cara. Probablemente por el dolor del golpe, pero no tardó en volver. ¿Qué rayos era lo que le parecía tan gracioso?.
Se incorporó y estiró la espalda hacia atrás, haciendo que su columna crujiera y se acomodara.
- Eso no es justo, no sabía que tuvieras un poder. ¿Cómo rayos hiciste eso? –me preguntó divertido, como si yo lo supiera. Me encogí de hombros y no dejé de mirarlo con furia.
- Más vale que te quedes alejado. -Le advertí.
- Ni lo pienses, preciosura. –Replicó sonriendo de nuevo y acercándose a paso lento.
- Te lo advierto. –Lo amenacé. Se siguió acercando como si nada. Cambié de posición a una de ataque, plantando bien los pies en el piso.
- Te doy dos segundos para que te alejes.
- ¿O qué? –Levanté una ceja, incrédula de que tuviera tan poco instinto de auto conservación.
- O vamos a lamentar la pérdida de los árboles contra los que chocarás.
Se acercó mucho más rápido de lo que creí que fuera posible y me tomó de las muñecas, pegándolas a mi cadera y levantándome en vilo, para inmovilizarme las manos y estamparme contra la enorme roca que tenía detrás.
- Sabes, no creo que lo hagas. –Intenté zafar las manos- No creo que quieras que me aleje.
Le gruñí. Estaba mucho más cerca de lo que cualquiera se hubiera atrevido con una neófita, pero mi cabeza estaba mucho más alta que la suya, ya que seguía sosteniéndome contra la roca para inmovilizarme.
- ¿Y que rayos te hace pensar eso?
- Vamos, Mer… es obvio lo mucho que te atraigo.
Abrí los ojos como platos.
- Así que ahora sí te acuerdas de mi nombre…
- Si, y se que tu recuerdas el mío. –Agregó muy seguro de sí mismo- Haz estado fantaseando conmigo desde que llegué a la fiesta. Y eso no me lo niegas.
Por fin aflojó lo suficiente su agarre como para que pudiera zafar mis manos, pero hacerlo fue una mala idea. En cuanto las saqué sus dedos se pegaron a mi cadera, justo en la línea en que acababa mi blusa y comenzaba mi falda. El tipo sabía lo que hacía. En lugar de alejarlo, pasé mis manos por encima de sus hombros y las apoyé a los lados de su cuello.
Cuando estuvo seguro que no lo estamparía contra nada, se pegó completamente a mi cuerpo y me bajó lento y constante para que quedara a su altura, al tiempo que dejaba que sus manos se deslizaran por mi piel hasta llegar a mi cintura. Se escurrían con mucha seguridad por debajo de mi blusa, haciendo que me estremeciera.
Sentí como se pegaba más contra mí mientras su boca chocaba contra la mía, ruda y sin cuidado. Quizás fuera parte de los cambios de humor, pero era cierto que había estado fantaseando con él desde que lo vi por primera vez, y ahora todo lo que quería era que me tomara, justo ahí y ahora.
Mis pies tocaron el suelo mientras él se doblaba un poco para pegar su boca a mi cuello. Me estremecí cuando su aliento rozó mi oído al soltar una pequeña risa muda y sentí como una de sus manos subía por mi muslo, levantando mi falta con ella. Casi por reflejo, flexioné mi pierna para pegarla al costado de su cadera. Eso pareció gustarle. Se aplastó más contra mí, y sentí cómo la piedra en la que nos apoyábamos se quebraba de nuevo. Si seguíamos así, destrozaríamos todo el bosque.
Cuando volvió a mi boca, su lengua se mezclo con la mía como experta y provocó que gimiera contra sus labios. Gruñó de la forma más excitante posible y su mano continuó subiendo por mi pierna hasta llegar al comienzo de mi ropa interior. La arrancó desde el elástico mientras su otra mano se aferraba a mi cabello, haciendo que arqueara la espala y pegara mis pechos al suyo, que me seguía presionando contra la roca.
Bajé una mano lentamente por su pecho, tanteando sus músculos grandes y definidos a través de la tela, y deleitándome con su marcado abdomen. Bajé más, esperando tantear si estaba provocándolo por encima de la tela, pero para mi sorpresa, ya no había tela. Me quedé helada cuando sentí la piel de su dureza en mi mano, con su cadera estratégicamente colocada para que no la notara contra las mías.
Subí la vista hasta sus ojos, como cuestionándolo.
- ¡Sorpresa! –Sonó como una mezcla entre un susurro entrecortado y un grito desesperado. Volvió a besarme y de nuevo sentí su mano en mi pierna, esta vez bajando hasta toparse con mi tobillo. Me agarró de él, flexionando todavía más mi pierna y apretándola contra sí mismo y entró en mí sin otro aviso que lo que acababa de decir.
Fue increíblemente rudo, casi rozando en lo violento cuando se impulsó para que no pudiera negarme a recibirlo. Un gemido casi estruendoso se me escapó desde lo más hondo del pecho, y me estremecí cuando comenzó a moverse contra mí una y otra vez. Rápido, certero, hábil.
Sólo habían pasado unos segundos desde que habíamos estado discutiendo, así que la excitación no había alcanzado a humedecerme completamente. Y eso hizo que lo sintiera áspero y brusco contra mi piel. La fricción provocó más calor del que pensé podría en dos seres sin temperatura. Y la sensación me envolvió, llevándome a la luna con cada embestida.
Sabía justo en qué punto torcerse para entrar lo más profundo posible, y en qué punto restregar su piel contra la mía mientras lo hacía. Mi otra pierna subió sin que se lo ordenara y ambas se enredaron detrás de su espalda.
Sus embestidas hacían que chocara contra la roca una y otra vez, el ruido atronador definitivamente hubiera alterado a cualquier humano. Noté cómo su mano se apoyaba en la piedra, justo a un lado de mi cabeza, y poco después vi sus dedos clavarse en ella como si fuera mantequilla, usándola para impulsarse con más fuerza.
Aumentó el ritmo cuando mi mano bajó por mi torso para desabotonar mi blusa, y dejar al descubierto mis pechos, que ahora saltaban frenéticos por sus movimientos. No tardó en bajar su boca a ellos, lamiendo y mordiendo mis pezones de vez en cuando. Su lengua jugaba con ellos, alternando entre uno y otra. Y la adoré la sensación. Sentí su boca subir hasta mi clavícula, sin despegarse ni un momento de mi piel.
- Em…mett… -Solté cuando el ritmo hizo que no pudiera respirar correctamente, como si lo necesitara. Sentí el aire golpeando mi cuello y la sonrisa de sus labios contra mi piel.
- Te dije… que lo… recordabas. –¡Rayos! Tragó saliva y se puso serio por primera vez desde que había entrado a la casa- Y te juro que nunca dejaré que lo olvides.
Mientras hablaba, comenzó a chocar contra mí con más fuerza, marcando cada embestida más profunda y lentamente. Sus palabras me enloquecieron. Moví mi cadera, restregándola contra la suya más rápido, sintiendo como se aproximaba el clímax. Me quedé quieta cuando la primera oleada de placer me embargó, dejándome sin habla y sin aliento. Era muy bueno, y lo sabía.
Apoyó su frente contra la roca, entre su mano y mi cabeza mientras bajaba aún más el ritmo, golpeando sus caderas contra las mías y penetrándome aún con la misma intensidad. Sentí como comenzaba a venirse al momento en que me apretaba a su alrededor. El orgasmo me desesperó y mis uñas se clavaron en su espalda, provocando que su gemido por el éxtasis se mezclara con un quejido de dolor, que por alguna razón me excitó increíblemente.
Se quedó quieto apretándome con mucha fuerza contra la roca, y luego de unos segundos se relajó, al tiempo que mis músculos lograban destrabarse.
Tenía razón, jamás olvidaría algo tan salvaje y desesperado. Me mordí el labio y alejó su cara para mirarme. De pronto me parecía increíblemente tierno y su sonrisa amplia no me enojó en lo más mínimo. Sólo provocó que sonriera como una tonta, satisfecha sexualmente y totalmente relajada, por primera vez desde que tenía memoria.
sábado, 10 de octubre de 2009
Fiesta Sorpresa - Capítulo IX: “Las Amenazas”
Advertencia: Rating M
Robin’s POV
Seguimos caminando a paso lento por camino de tierra, ahora se las arregló para que le contara todo sobre mi vida. Parecía realmente interesado. Cuando llegamos al mercado, entramos y pasamos un rato ahí decidiendo qué comprar para la fiesta. Llevamos un par de bolsones de frituras, pan y embutidos, quesos, servilletas de papel y algunas botellas de gaseosa. Cuando pasamos por la verdulería, Seth me miró curioso.
- ¿Cuál es tu fruta preferida? –Me preguntó como si fuera lo más importante del mundo.
- El durazno. –Le contesté segura. Asintió y se dirigió al encargado.
- Dos duraznos, por favor. –Buscó dinero en el bolsillo de delante de su pantalón y sacó un billete gastado y enlodado para pagarlos. El dueño del puesto se los dio y recibió el billete. Sonreí cuando Seth me alcanzó el mío. Me sonrió y luego le dijo “gracias, adiós” cuando el hombre le entregó el cambio.
Seguimos recorriendo el mercado. Intenté que me dejara llevar algo, pero Seth insistió en cargarlo todo.
- Vamos, dame aunque sea una bolsa. –Me quejé mientras lo veía hacer malabares para comer su durazno. Me miró de reojo y sonrió.
- Bueno… -buscó entre las manijas que tenía en las manos y separó cuidadosamente una bolsa- Toma. Después no digas que no te doy lo que quieres.
Me reí con ganas, me había dado la pequeña bolsita con las servilletas de papel. Rodé los ojos y tomé la bolsita.
- Algo es algo. –Le dije riéndome- Aunque no me gusta que lleves tantas bolsas. Parece que te uso de burro de carga.
Cuando salíamos del mercado, Seth me dijo que esperara, y luego se fue corriendo con todas las bolsas a uno de los hombres que trabajaba con la carne. Le dijo un par de frases, me señaló, y el muchacho rió y le entregó una caja de cartón duro bastante grande para que pusiera todas las cosas.
Sonreí mientras se acercaba.
- ¿Que tal? ¿Ascendí de “burro de carga” a “lobo de carga”? –Me preguntó con tono bromista. Nos reímos por un rato, mientras nos alejábamos del mercado, hacia la casa de nuevo.
Continuamos hablando de tonterías por un rato, hasta que de repente, más o menos a mitad de camino, paró en seco y la caja cayó a sus pies. Me quedé quieta a su lado, preguntándome qué rayos le había pasado, esperando a que se explicara, pero no dijo nada. No hizo ningún ruido. Sólo cambió de postura, levantando los brazos hacia delante y agachándose un poco. Estaba a la defensiva. Era una posición que había visto demasiadas veces en mi vida. Cada vez que vampiros nuevos se acercaban a nuestra casa sin previo aviso.
- ¿Vampiros? –Susurré, como intentando que no me escucharan. Sabía que era en vano. Asintió con la cabeza, y luego la volteó un poco hacia la izquierda para indicarme por dónde vendrían.- ¿Cuántos? –le pregunté.
- Cuatro. –Me quedé helada. Quizás hubiéramos tenido oportunidad contra uno, pero ¿¿¿cuatro??? No teníamos ni una chance. Tragué saliva e intenté evitar que el miedo me doblara las piernas. Era el fin. Mi fin. Y luego me di cuenta de algo que me heló la sangre. No era mi fin, era el nuestro.
Adri´s POV
Tragué en seco mientras lo escuchaba caminar detrás de mí, intentando no morirme de vergüenza. ¿Por qué justo se le había ocurrido algo así? Respiré hondo y seguí caminando, quería aplazar el momento todo lo posible. Y el hecho de que los otros invitados me vieran desnuda no era una opción.
Ninguno de los dos decía nada, así que yo seguía adentrándome en el bosque. Era un alivio tener el oído lo suficientemente agudo como para estar segura de que caminaba a dos pasos detrás de mí, porque no me hubiera gustado para nada tener que darme vuelta para verle la cara. Presté atención a los otros sonidos del bosque, pero todo lo que escuchaba eran los animales, el viento, y el correr de agua a los lejos. Recordaba haber visto un arrollo cerca de la casa un par de veces.
Un bufido de ansiedad hizo que me estremeciera y volviera al presente. Pero lo ignoré, como si no lo hubiera escuchado. Unos metros después, una mano me tomó del brazo y me obligó a darme vuelta. Me encontré con los ojos de Nahuel y un calor más intenso del que estaba acostumbrada me recorrió de pies a cabeza cuando noté cómo se pegaba a mi cuerpo. Tardó unos segundos en hablar.
- ¿Planeas seguir caminando todo el día? –Me estremecí cuando sentí su aliento golpear mi cara y cerré los ojos para concentrarme en memorizar su aroma. Era realmente único, una mezcla rara, como agridulce, con un toque de jabón que hizo que me diera vueltas la cabeza.
Cuando logré abrir los ojos, noté que los suyos también estaban cerrados. Apoyé mi mano libre en su pecho y sentí como latía su corazón. Casi automáticamente, apoyé mi oído en su pecho para escucharlo de cerca, era el sonido más fascinante que hubiera oído jamás. Suspiré y me quedé quieta, esperando a que se alejara, o me recordara que era lo que había preguntado, pero el único movimiento que hizo fue rodearme con los brazos.
No tengo idea de cuánto tiempo nos quedamos así. Era tan extraño sentirme tan cómoda con alguien que acababa de conocer, pero supuse que eso era parte de la imprimación. Era todo tan irreal. Me había hecho a la idea de que era un punto muerto en el árbol genealógico, que era imposible que imprimara, pero ni en mis fantasías más alocadas, pensé que se sintiera como se sentía esto. Sus brazos parecían el lugar más seguro del mundo, como si al estar rodeada por ellos, nada malo pudiera pasarme. Como si fuera invencible y nada ni nadie pudiera derrotarme. Me sentía… completa. Por primera vez en toda mi vida, supe a dónde pertenecía. A dónde encajaba a la perfección.
Estaba más feliz ahora de lo que jamás pensé que sería posible. Una lágrima se me escapó y fue a para a su pecho. No pude evitarlo, la felicidad estaba haciendo que el pecho se me inflara de tal forma que era de esperarse que las emociones intentaran salir por algún lado.
Pero Nahuel malinterpretó mi pequeña muestra de felicidad y se alejó aclarándose la garganta y sacudiendo ligeramente la cabeza. Me apresuré a limpiar mi cara.
- Lo siento. Creo que será mejor que volvamos. –Lo miré curiosa, quizás había sido yo la que había malinterpretado su forma de actuar-. No tienes que hacer esto si no quieres. –Explicó.
¡Ah, claro! Hablaba de lo de entrar en fase. ¿Qué le haría pensar que no quería hacerlo? Bueno, me moría de vergüenza, pero eso no significaba que no lo quisiera. Lo único que me preocupaba era que estaría completamente desnuda, y nada más ni nada menos, que delante de mi imprimación. Mi imprimación… las palabras sonaron en mi cabeza como música y no pude evitar sonreír.
Me miró con los ojos como platos mientras bajaba los breteles de mi simple vestido a los hombros y lo dejaba caer sin siquiera abrir la boca. Sólo se me quedó mirando con una cara que me hizo estremecer, y tuve que luchar contra el instinto, que me decía que lo tumbara al piso e igualara las condiciones.
- Aléjate unos pasos, no quiero lastimarte. –Le susurré. Lo hizo sin mover los ojos de mi cuerpo, y luego dejé que el calor se adueñara de mi cuerpo, cambiándome a su paso.
Robin’s POV
Asumí que no habría tiempo de escapar. Nunca lo había cuando se trataba de vampiros. Me inquieté un poco cuando Seth empezó a temblar, pero su brazo se extendió hacia atrás buscándome con la mano. La tomé sin pensarlo dos veces y me acerqué a su cuerpo. El contacto se sentía como fuego.
- Hay algo raro. Sólo huelo dos en esa dirección. –Susurró indicándome con la cabeza el bosque a nuestra izquierda. Un poco de esperanza hizo que me relajara y pudiera pensar claro. Dos, quizás pudiera salir vivo si sólo eran dos.
- ¿Y los otros? –le pregunté en el mismo tono.
- No estoy seguro. –Arrugó la nariz y se tensó completamente, clavando la vista en el punto entre los árboles que me había indicado antes.
Después de unos segundos, dos hombres salieron de entre los árboles. Los dos llevaban capas oscuras hasta el piso, con capuchas sobre la cabeza. Parecían vampiros de cuento. Vampiros de verdad. Me estremecí mientras se acercaban a paso lento. Seth gruñó por lo bajo, como involuntariamente y luego tiró de mis manos para esconderme a su espalda.
- Bueno, bueno… ¿que tenemos aquí? Parece que nos encontramos con Caperucita Roja y el Lobo… -el más alto se rió despectivamente.
- James… no es necesario molestar a la comida. Sólo espera un segundo y sacaré al lobo del juego. –Intervino el otro con la voz calmada. Seth gruñó de nuevo pero ni “James” ni el otro le prestaron atención.
- ¡Oh, vamos! No me arruines la diversión, solo es un poco de pelea. Y es un lobo. Sólo uno.
Seth paró de temblar y volteó la cabeza hacia detrás. Seguí su mirada y vi a tres mujeres acercarse. Una era mas vale bajita, con ojos avellanados y cabello lacio y largo. La que le seguía de cerca era esbelta y de pelo más oscuro y alborotado. La tercera estaba un poco rezagada, atrás de las otras dos. Era parecida a la anterior, pero de facciones menos perfectas. La miré con atención. Era humana. El color de sus mejillas y su piel rosada la delataba. Parecía un poco menor de lo que aparentaban sus compañeras.
- Un lobo y dos vampiresas. –Dijo la primera en tono de corrección. Seth todavía parecía tenso y temblaba como si no pudiera evitarlo. Pasaba los ojos de los dos hombres a las tres mujeres, como si no supiera para donde correr. Ellas se acercaron a nosotros con andar despreocupado y la vista fija en los vampiros.
- Tranquilo, chucho, sólo venimos a ayudarte. –Soltó la vampiriza que aún no había hablado. Lo de “chucho” estuvo de más, pero parecían buenas noticias. Creo que Seth y yo vimos sus ojos al mismo tiempo. Eran dorados como la miel. Después de un segundo, él asintió y volvió a mirar hacia delante. Lo imité. Los vampiros no parecían nerviosos en absoluto. El más bajo seguía relajado, y el más alto estaba… ¿contento?
Tenía la cara como la de un niño que acababa de entrar a una juguetería. ¿Qué clase de vampiro sádico y retorcido era este?
- Bien, ahora sí debería ser interesante. –Soltó con tono esperanzado. Era un juego. Para él, matarnos sólo era un juego. Como una carrera de obstáculos. Me estremecí.
- Violeta. Sabes que hacer. Aléjala de aquí. –Habló con tono autoritario la vampiresa que cada vez veía más parecida a la humana. La humana se adelantó y me tomó del brazo, pero yo no me solté de Seth. No quería hacerlo.
- Vamos, tenemos que alejarnos un poco. –Miré a Seth, él me miraba fijo a los ojos, y después de un segundo, asintió para darme confianza. Me solté muy a mi pesar y dejé que la chica, Violeta, me remolcara unos pasos detrás de la línea que habían formado Seth y las dos mujeres.
- ¿Vas a transformarte? –Preguntó por lo bajo la de cabello lacio.
- No. –se tomo un momento para relajar los músculos de su mandíbula- No creo poder distinguir.
Ambas asintieron y se colocaron en la misma posición defensiva de Seth.
- Ya, esto es ridículo, James. No pienso pegarte cuando te descuarticen. –Se puso serio, como concentrado en un punto fijo en el pecho del lobo.
- No, Alec, no le quites toda la diversión. –James parecía desilusionado.
- Sabes tan bien como yo que no es propio hacer una escena en el medio del bosque. De todas formas, tú podrás comerte a la que querías, y luego… no sé, quizás yo mate a la más pequeña, así que no veo cuál es el problema.
Seguí con la vista clavada en el pecho de Seth, que gruñó como un animal al escuchar la frase. Las mujeres sisearon y se tensaron también, una de ellas preparándose para saltar. Pero de repente se quedaron los tres quietos. Demasiado quietos. Sus brazos cayeron a los costados, y los temblores de Seth se disiparon mientras relajaba todos los músculos de su cuerpo. Casi parecía que no respiraban. Era como si se hubieran quedado dormidos, pero de pie y con los ojos abiertos. Miré a Violeta, pero su cara de susto era un reflejo exacto de la mía.
¿Qué rayos había pasado? Era como si los hubieran apagado. Volteé la cabeza y vi como James se acercaba a paso lento y con una sonrisa tranquila de satisfacción y suficiencia que me provocaba más miedo que si hubiera estado mostrando los dientes. Se quitó la capucha lentamente y reveló un cabello rubio y unos ojos color borgoña, oscurecidos por la sed.
Mi instinto fue pararme delante de la chica que apenas conocía. Si de todas formas iban a comerme, que mejor que intentar salvar a la chica humana con la que me sentía tan identificada. Tendría a penas un año menos que yo, y ya andaba con vampiresas. Era la historia de mi vida.
Me moría de miedo, me temblaban las rodillas y casi no aguantaba las ganas de llorar, pero no le iba a dar la satisfacción de saber que le temía. Si tanto disfrutaba el miedo de sus presas, no soltaría ni un solo grito. No quería darle la satisfacción. En vez de eso, planté los pies en la tierra, levanté la barbilla bien alta y decidí jugar la única carta que me quedaba.
- Mi familia te perseguirá si haces tanto como tocarnos un pelo. –Intenté sonar amenazante. Se acercó más y puso un dedo en mi cara, obligándome a levantar la cabeza y exponer mi cuello.
- ¿Si? ¡Que miedo! –Soltó sarcástico.
- Si. Joy te hará pedazos.
- Espera, James. –dijo el que estaba más lejos. Creo que los dientes pararon a dos centímetros de mi piel. Alec se acercó y me miró a mi directamente por primera vez.
- ¿Qué nombre dijiste? –Preguntó en tono autoritario.
- Joy. –Repetí con más confianza- Y no sólo ella. Naty y Kokoro los perseguirán hasta el fin del mundo.
- Vamos James. Déjala en paz.
Un gruñido gutural salió de James y luché por no estremecerme.
- Ya me oíste. Vamos. –El tono de Alec fue seco, autoritario. James me soltó la cara de mala gana.
- Tienes suerte, niña. –Volteó para mirar a su compañero- ¿Y qué harás con los otros?
- El efecto les durará lo suficiente para que nos alejemos unos kilóme… ¿y esa quién es?
Nahuel’s POV
Decir que me quedé sin palabras cuando su vestido cayó al piso era quedarse muy, pero muy corto. Me sentí un poco incómodo al notar la sangre acumulándose en un solo punto de mi cuerpo. Sólo un desesperado sin remedio se excitaría por ver a una mujer desnuda por menos de quince segundos, pero no pude evitarlo. Nunca había sido tan afortunado de ver curvas como esas.
- Aléjate unos pasos, no quiero lastimarte. –Sólo lo susurró, pero le hice caso. Comenzó a temblar, primero sólo un poco, pero después casi parecía que vibraba. Un enorme lobo color chocolate con leche se irguió donde antes estaba su cuerpo. Nunca había visto algo tan impresionante. Me quedé con la boca abierta, mirándola fijamente. Su posición era bastante dudosa, con la cabeza ligeramente baja y las patas delanteras un poco dobladas.
Me acerqué como atraído por un enorme magnetismo. Tenía que tocarla. Quería comprobar por mí mismo que era real. Alcé la mano para tocar la mejilla de su hocico y su cabeza se dobló hacia mis dedos, apoyándose en ellos y cerrando los ojos. Era increíble cómo aún siento un animal, podía seguir siendo tan hermosa.
Hundí mis dedos en su pelaje largo y achocolatado, moviendo la mano por su cuello, maravillado por su suavidad. Cuando la miré a los ojos de nuevo supe que estaba perdido. Ya no tenía escapatoria. No podría negármelo a mi mismo ni un segundo más. Estaba enamorado. Yo. Nunca pensé que encontraría a alguien hecha tan a mi medida. Movió la cabeza como preguntándome qué pensaba.
- ¿Podrías volver a transformarte, por favor? –Murmuré. Asintió con la cabeza y esperó a que me alejara un par de pasos. Lentamente volvió a su forma anterior. En cuanto se completó la transformación, comenzó a hablar.
- ¿Y? ¿Demasiado impresionan-
Me acerqué lo más rápido que pude, interrumpiendo su pregunta. No podía soportar ni un segundo más las ganas de saber cómo sabrían sus labios. Ya no me importaba si me alejaba. Nunca había estado enamorado. Nunca me había sentido tan deseoso por algo en todos mis años. La besé ansioso y desesperado, pero para mi sorpresa, soltó un gemido que hizo que me estremeciera y apretara la piel tersa de su cintura contra mí. Quería que me sintiera. Quería que supiera lo que había provocado en mí con sólo regalarme su presencia.
Sus manos se apresuraron a desabrochar mi camisa, mientras mis pies quitaban mis zapatos torpemente. Sentí su lengua caliente abrirse paso a mi boca, y solo pude levantarla para que enredara sus piernas alrededor de mi cadera. Un delicioso gemido hizo que me apretara más contra ella cuando su entrepierna tocó la mía a través de la tela. Sentir su olor a excitación, seductor e intenso, esperándome, me volvió totalmente loco. Bajé a su cuello y saboreé su piel con todo el cuidado del que era capaz. Si por accidente mis dientes la perforaban, era seguro que la mataría.
Se bajó de mí sin dejar de besarme en el hombro y sus manos temblaron mientras luchaban con la hebilla de mi cinturón. Cuando el cinto cayó a mis pies, tomé su cara entre mis manos y la atraje a mi boca para seguir besándola. Se distrajo y sus brazos se aferraron a mi espalda, sus uñas clavándose en mi piel. Apenas logré concentrarme lo suficiente para buscar mi billetera en mi bolsillo trasero.
La abrí a tientas y al momento en el que encontré lo que buscaba la arrojé a mis espaldas. Adri me mordió el labio suavemente y casi gruñí de la desesperación. Era demasiado provocativa para su propio bien.
Muy despacio, fuimos bajando al suelo hasta quedar ambos arrodillados, uno en frente del otro. Nuestras bocas no perdieron el contacto en ningún momento, y eso hacía que no lograra concentrarme lo suficiente para abrir el preservativo que todavía temblaba en mi mano por la ansiedad. Cuando se alejó un poco de mi cara y miró mis manos. Tomó las mías entre las suyas, y luego me sacó el pequeño paquete, indicándome con los ojos que ella se encargaba. Suspiré y la miré mientras lo hacía. Parecía tan segura de sí misma, tan decidida… y eso no hacía más que excitarme hasta el punto en el que me dolía cada segundo que se demoraba en dejarme tomarla. Yo me dediqué a desabrocharme el pantalón, y bajarlo sólo lo suficiente para liberar mi miembro.
Por fortuna lo abrió bastante rápido. Y luego, sin que se lo pidiera acercó sus manos para ponérmelo. Cada caricia que me regalaba hacía que quisiera tumbarla en el piso y hacerla mía de todas las formas posibles. Mientras el calor iba moviéndose por mi piel y aumentando al contacto con sus dedos, no pude evitar gruñir y cerrar los ojos para sumergirme en la sensación.
Cuando terminó de colocarlo, sus manos se posaron en mis hombros, yo aún estaba arrodillado en la tierra, con mis piernas totalmente flexionadas. Puso sus piernas a los lados de las mías, apoyando las rodillas en el piso y acercó su cara para besarme. Mientras sus manos se enredaban en mi pelo y sus suaves pechos se apretaban contra el mío, comencé a sentirla acomodándose contra mí, buscando el punto exacto para dejarse caer.
A penas lo encontró, y sentí su entrada en la punta de mi miembro, la tome de las caderas y extendí las piernas para incrustarme en ella lo más hondo posible. Soltó un grito que intenté grabar en mi mente con todas mis fuerzas y arqueó la espalda, empujando sus senos más cerca de mi boca, una oportunidad que no hubiera dejado pasar ni aunque me hubieran amenazado con matarme.
La sensación que me provocaba su calor a mi alrededor era indescriptible. Las humanas con las que lo había hecho siempre tenían la temperatura corporal varios grados por debajo de la mía, pero ella era diferente. Su calor me envolvía, invitándome a moverme, recordándome que podía hacerla mía con toda la fuerza que mi cuerpo y mis impulsos me pedían. Que no era frágil ni débil.
Cuando mi lengua pasó por su piel de su clavícula, provocando que se erizara, comenzó a moverse en círculos contra mí, apretando su cadera contra la mía como nadie nunca lo había hecho antes. Era la sensación más placentera que hubiera experimentado. No tenía que ponerle límites a nada, más que a mi dentadura. Y ni siquiera eso era importante. No sentía la necesidad de morderla, la sed que muchas veces me había atormentado, ahora había pasado a segundo plano. Su sangre olía bien, sí… pero no como comida. No sentía el ardor en mi garganta. Ahora un ardor diferente se expandía por todo mi cuerpo… y estaba completamente seguro de que sería cien por ciento adictivo. No podría seguir viviendo sin sentirla así de cerca cada día por el resto de la eternidad.
Gimió fuerte y la tomé de nuevo de la cadera, clavando mis dedos en su piel y haciendo que subiera y bajara, mientras ella seguía moviéndose en perfectos y rítmicos círculos. Una de sus manos tiró de un puñado de mi cabello al tiempo que la otra se deslizaba por mi cuello, ligera, suave y delicada. Era como si supiera exactamente qué tocar y de qué forma, para volverme loco. Aumenté la fuerza de mis embestidas, mientras ella hacía lo propio con sus movimientos. Era asombroso cómo parecíamos completamente sincronizados, como si ambos estuviéramos hechos a la medida del otro.
Me maravillé con la sensación de su boca en mi hombro y su mano paseándose por mi espalda. Su aliento caliente e irregular golpeaba en mi piel con fuerza, mientras escuchaba a su corazón latir desenfrenado, justo al mismo ritmo que el mío. Parecía que ambos buscaban salirse de nuestros cuerpos, para juntarse y latir por siempre unidos.
- Eres lo más importante que me ha pasado en toda la vida. –Le susurré al oído con la respiración entrecortada y las palabras separadas por suspiros. Gimió como si intentara que todo el mundo la escuchara y se dejó caer de espaldas en el piso, tirando de mis hombros para llevarme con ella.
Seguí penetrándola hasta lo más profundo que podía, maravillándome con cada grito entrecortado que se escapaba de sus labios carnosos y tentadores. Sentí cómo su temperatura seguía aumentando a medida que cerraba los ojos y se mordía los labios. Miré directo a su cara mientras incrementaba aún más la fuerza de mis embestidas. Estaba a punto de venirme, y podía sentir que ella también. Lo sabía por la forma en la que se estremecía una y otra vez ante cada uno de mis movimientos, lo sabia por su olor y por sus gritos.
Cuando comenzó a estrecharse, envolviéndome con más fuerza, me concentré en mirar su rostro mientras se venía. Era la imagen más fascinante que hubiera visto. Sus facciones contraídas, así como todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, sus ojos cerrados y sus dientes mordiendo su labio, haciendo que sus gemidos se deformaran.
Con esa imagen quemándome los sentidos, escondí mi cabeza en su cuello, apoyando la boca en su piel para evitar gritar mientras me venía. Era más intenso que cualquier otra cosa en el mundo. Mis dedos se clavaron en la tierra a los costados de su cabeza mientras me impulsaba contra ella con todas mis fuerzas una vez más, antes de quedarme quieto, esperando que el placer que me recorría disminuyera y me respondieran los músculos, que se sentían entumecidos y atontados por la satisfacción.

martes, 6 de octubre de 2009
Fiesta Sorpresa - Capítulo VIII: "En el Limbo"
Disclaimer: La mayoría de los personajes son de Stephenie Meyer, y muchos otros son mis versiones de ustedes, mis NTLS! Jajaja!
Summary: Somos el clan latino, y Joy está por cumplir años... hay que organizarle una fiesta, pero a quién podemos invitar??? (adivinen!)
Advertencia: Rating M
Capítulo VIII: “En el limbo”
Jacob’s POV
No quería apresurarla, pero ya no lo resistía. Mientras me frotaba contra su entrepierna, a duras penas conseguí no venirme junto con ella. Creo que no lo notó, pero mi mano había apretado la mandarina que comía hasta hacerla pedazos. Y es que en el momento en que dijo mi nombre contra mi mano casi logró que perdiera el control.
Había sido increíble escuchar esa voz agitada y sin aire, sólo por mí. Verla deshacerse en mis brazos cuando yo había provocado que se viniera. Nunca había estado tan orgulloso de mi mismo… Ni tan excitado como lo estaba ahora. Tenía la incómoda sensación de que mi miembro iba a agujerear la tela que lo oprimía. Ni en toda la eternidad podría desear algo tanto como deseaba hacerla mía justo ahora.
Su mano bajó por mi pecho y llegó a tantearme por encima del jean que ahora tanto me molestaba. Tragué en seco y como pude le pregunté si podíamos ir arriba. Parecía que las palabras se me quedaban pegadas en el fondo de la garganta. Me paralicé cuando sus manos se pusieron en mis hombros. Todavía tenía la sensación de que me empujaría para alejarme y se iría de un momento al otro. Y eso me llenaba de pánico.
Mi corazón volvió a latir cuando sentí como enlazaba sus tobillos en mi espalda y pegaba un salto para quedar en mis brazos. Y ni hablar de cómo sentía latir otras partes de mi cuerpo. Con esta posición, se había pegado a mí de nuevo. Eso calmó un poco el fuego que me quemaba por dentro. Sentirla cerca, apretada contra mí era de película. Me indicó con la cabeza la dirección hacia las escaleras. Me moví lo más rápido que pude para subirlas. No veía nada, pero por suerte, no me caí. Este viaje era demasiado importante.
Para cuando llegamos al pasillo su boca estaba en mi cuello, besando y lamiendo mi piel. Cerré los ojos frustrado, había seis puertas y luego el pasillo seguía hacia la izquierda.
- ¿Cual puerta? –musité intentando concentrarme en hablar.
- La tercera a la derecha. –me lo susurró en el oído, y luego se alejó y sopló mi cuello, haciendo que me estremeciera. No me quería hacer fácil mi meta de satisfacerla. Pero lo lograría. Estaba seguro. Era todo lo que quería. Adorarla, complacerla, tocarla, amarla.
Es que eso era lo que hacia: amarla. La amaba con todo mi corazón. Con cada parte de mi cuerpo y de mi alma. Era todo lo que necesitaba. Más que al aire, mas que a la comida, más que a nada, y más que a todo. Ella era toda mi vida ahora. Era simple: la amaba. Las palabras me quemaron en los labios, pero no las dejé salir. ¿Cómo podía decirle a la chica que acababa de conocer hacía dos horas “Hey, por cierto, te amo desesperadamente y quiero pasar la eternidad contigo”? Me tomaría por un loco desesperado patético que sólo lo decía para acostarse con ella.
Me dirigí a la puerta que me había indicado lo más rápido que pude. No le presté atención a la decoración. Podría haber estado parado en el mismísimo limbo, porque todo lo que vi cuando entré, fue una cama. Se me hizo agua la boca. Me acerqué y la dejé caer lentamente sin separarla de mí. Cada parte de mi piel que no la tocaba dolía ante la ausencia del ardor que me provocaban sus caricias.
Pero cuando me alejé lo suficiente para ver su rostro, su ceño estaba fruncido. Me maldije internamente por no haber tomado la oportunidad cuando pude. Ahora era claro que estaba arrepentida. Y si ella no quería hacerlo, no iba a obligarla. ¡Maldición! ¡Debí haber aprovechado mi oportunidad en la cocina! ¿Qué rayos me importaba si alguien entraba?
No, esto era lo correcto. “Si ella no quería, no la obligaría” me repetí una y otra vez. Si este no era el momento, esperaría para siempre por el que fuera el indicado. Me armé de valor y me alejé más para sentarme en la cama, a su lado. Ella se incorporó, cerró su blusa -que ahora estaba rasgada- y se volteó para quedar sentada frente a mí.
- ¿Qué fue lo que sucedió? –empecé, intentando que no se me quebrara la voz.
Joy’s POV
Me desplomé en un extremo de la cama como un saco de patatas, después de venirme por tercera vez en el cuerpo de Edward. Él sólo sonrió y esperó a que recuperara el ritmo normal de mi respiración.
Nos pusimos de costado, para poder mirarnos, y comenzó a pasarme las yemas de los dedos por el costado del torso. ¡Este tipo no se cansaba nunca! Y eso no me molestaba mucho que digamos.
Pero lamentablemente, había una fiesta abajo, y yo era la homenajeada. Teníamos que volver a la Tierra tarde o temprano. Frunció el ceño por mis pensamientos. Yo me reí un poco de su cara y lo besé en los labios.
- Lo siento, pero es cierto. Un strip tease no puede durar para siempre…
- ¡Sí puede!
Lo miré levantando una ceja. Hizo un puchero que me llegó al alma y luego suspiró, arrojándose boca arriba contra las almohadas.
- Bueno, supongo que tienes razón… -admitió después de un rato. Volvió a suspirar y se quedó mirando el techo un par de segundos- abajo ya se preguntan donde estamos.
Claro, estaba escuchando los pensamientos de abajo. Debía de ser muy útil.
- No tanto. –Frunció el ceño- Es más molesto de lo que crees, no se puede… apagar.
Lo miré esperando a que me mirara, pero seguía con los ojos clavados en el techo. Concentrado en lo que pasaba abajo. Lo que decía tenía sentido, no me imaginaba tener un montón de voces en la cabeza todo el tiempo. Deseé poder acabarlo. Regalarle un poco de silencio. Deseé poder hacer que se callaran aunque sea por un momento. Edward se incorporó mirándome con los ojos grandes y expectantes. Intente repasar todo lo que había pensado. Edward puso los ojos en blanco y yo sólo le saqué la lengua.
- Quizás sí puedas… hacer que se callen. –Me explicó.
- ¿Yo? ¿Cómo?
- Fácil. Sólo dime que ya no las escuche.
Jake’s POV
- ¿Qué fue lo que sucedió? –empecé, intentando que no se me quebrara la voz. Bajó la mirada, parecía… ¿dolida? ¿Que rayos había hecho? Respiré hondo para juntar valor. Si ella prefería que me fuera, lo haría. Haría lo que fuera por ella. La adoraba. La amaba más de lo que pensé que fuera posible amar a alguien. Las palabras volvieron a quemarme los labios y de nuevo me mordí la lengua. En su lugar, pronuncié las que más me dolían.
- ¿Prefieres que me vaya? –la idea me partió en dos, pero si me lo pedía, lo haría
- ¡No! –Lo gritó mientras su mano saltaba como resorte desde el colchón a mi pierna y me apretaba con fuerza, como queriendo evitar que me levantara. Si no quería que me le abalanzara en ese momento, quizás debería evitar poner la mano ahí. Sólo a diez centímetros de donde quería que la pusiera.
Gruñí un poco e intenté concentrarme con todas mis fuerzas en lo que acababa de contestarme. Bien, no quería que me fuera. Pero entonces ¿Por qué rayos parecía tan… triste?
- Bueno, ¿entonces que es lo que te sucede? –bajó la mirada de nuevo, pero esta vez no lo soporté, puse mi mano en su barbilla y le levanté la cara para poder verle lo ojos. Me acerqué lentamente y le di un corto beso en los labios.
- Sabes que puedes decirme lo que sea, ¿no? –agregué. Sus manos tomaron un pedazo de su blusa y comenzaron a jugar con la tela.
- Ese es el problema. Hay algo que no me dices –saqué mi mano de su cara- Lo siento mucho, pero sé que hay algo que no me dices y también sé que es algo importante. Muy importante.
Esta vez fue su mano la que se puso en mi cara para obligarme a mirarla.
- Sabes que puedes decirme lo que sea, ¿no? –Repitió mis palabras. ¡Maldita sea! No debí haber dicho eso. No podía decírselo. Sólo eran dos palabras, sólo “Te amo”, no debería ser tan difícil, pero podía imaginármela llamándome loco y yéndose de la habitación. Suspiré, pero no dije nada.
- Bueno, supongo que no puedes. –Dijo en tono seco y alejó su mano. Parecía dolida, triste, rechazada. Como si le acabara de decir que no confiaba en ella. Que no me importaba. Se levantó y comenzó a buscar otra blusa en uno de los cajones de la cómoda.- Quizás deberíamos bajar, no creo que debamos estar aquí, siendo que hay una fiesta aba-
- Te amo. –La interrumpí. No podía haber nada peor que verla marchándose. Suspiré hondo y cerré los ojos mientras hablaba. Quería evitarme la angustia de verla cruzar la puerta. También resistí el impulso de taparme los oídos como un niño para no escuchar el portazo.
- ¿Qué fue lo que dijiste? –me pregunto esa voz, su voz. Todavía seguía aquí. Abrí los ojos y la vi apoyada contra la cómoda, sus manos a los costados, y su blusa rasgada abierta de par en par. Bajé la vista unos centímetros y contuve las ganas de arrancarle el resto.
- Te amo. –le repetí, ahora mirándola a los ojos. Me miró por unos segundos y luego se apresuro hacia la puerta. Cerré los ojos de nuevo. No podía ver esto. Mis manos comenzaron a temblar involuntariamente y deseé estar en el bosque. Deseé transformarme y correr por siempre. El portazo hizo que me sobresaltara, justo como había temido. Tenía que salir de ahí, pero ningún músculo me respondía. Todo mi cuerpo se sentía adormilado, como si no tuviera ni una gota de sangre. Sentí cómo una lágrima se deslizaba por mi mejilla y luego me quedé helado cuando sentí unos labios limpiarla con un beso.
Abrí los ojos, esperando que no hubiera nada, esperando haberme vuelto loco… pero no. Ahí estaba. Mirándome a los ojos con su cara de preocupación a cinco centímetros de la mía.
- ¿Qué te pasa? –Me susurró.
- Creí que te irías. –expliqué mientras negaba con la cabeza.
- ¿Porqué me iría? Yo también te amo. –dijo hablando de nuevo en voz baja, como si fuera lo más obvio del mundo. –Sonreí- Y luego me besó despacio en los labios. Mi corazón se infló al punto de amenazarme con estallar. ¿La había escuchado bien? ¡No podía ser cierto! Cuando asimilé sus palabras la tomé de la cintura y la lancé contra la cama, colocándome encima de ella en el mismo movimiento. Ya no estaba seguro si había sido demasiado brusco, pero sólo digamos que me alegraba que fuera más resistente que un humano normal.
Soltó una pequeña risa muda mientras le sonreía, mirándola directamente a los ojos. Mi mano se posó a un lado de su cuello mientras mi boca besaba el otro. Era la piel más exquisita que hubiera probado. Justo la cantidad de dulce necesario.
Bajé mi mano por su piel, sintiendo su clavícula bajo mis dedos. Era adorable cómo arqueaba la espalda para que siguiera bajando. Me reí contra su piel y volví a besarla en la boca mientras bajaba tocándola sólo con las yemas de los dedos. Se estremeció y gimió en mi boca cuando apreté un poco su seno, dando círculos en su pezón con mi pulgar.
Mordió mi labio ligeramente, y adoré la sensación. Seguí bajando mi mano por su cintura y apreté el puño en la tela de su camiseta. Me estorbaba demasiado, así que la arranqué de un tirón, haciendo que Koko se sobresaltara.
- Lo siento, me estorbaba. –Le dije riéndome contra su clavícula de su reacción.
- No te preocupes, yo estaba pensando hacer lo mismo con otras cosas. –Levanté la cara para ver la suya. Puso una sonrisa pícara mientras bajaba la vista a nuestros pantalones.
- No, no. Son el único par que traje. –Le dije con tono de fingida preocupación mientras me desabrochaba el botón. Se rió por el comentario mientras yo me quitaba los pantalones. No llevaba ropa interior, así que con eso me desprendí de todo lo que levaba puesto.
Kokoro’s POV
OH-POR-DIOS! Casi me desmayo cuando se quitó los pantalones. Tragué en seco y me quedé mirándolo directamente como si fuera la primera vez que veía un pene en mi vida. Bueno, ciertamente, era la primera vez que veía uno de ese tamaño.
- Ehh… ¿Tienes…? No suelo traer preservativos conmigo.
- Claro. –Estiré la mano al cajón de la mesita de luz sin apartar la vista del manjar que me esperaba, saqué uno y se lo di. Lo abrió y se lo puso cuidadosamente. Lo hubiera hecho por él, pero todo lo que hice fue quedarme con la boca abierta y los ojos como platos, viéndolo fijamente. Me debo haber quedado como tres horas mirándolo así, porque se aclaró la garganta con intención.
- ¿Qué? —preguntó. De pronto parecía cohibido.
- Nada. –Negué con la cabeza, sonreí y tragué saliva. Sonrió, dudó un poco, y luego se encogió de hombros y comenzó a desabrochar mi pantalón. Sus manos parecían un poco nerviosas, así que me limité a sonreírle y susurrarle:
- Yo sí tengo otros pantalones aquí.
Jacob’s POV
Eso no era buena idea si quería que fuera remotamente gentil. Tomé la tela de su cadera y la arranqué con todo y ropa interior. Luego sólo me quedé mirándola como un idiota. Era lo más hermoso que hubiera visto en mi vida.
Bajé la cabeza y besé su ombligo, luego subí, dejando un camino de besos hasta su pecho. Sólo me detuve ahí unos segundos antes de seguir subiendo. Cuando nuestros ojos estuvieron a la misma altura, podía sentir su entrada humedeciéndose para mí. Bajé la mano por su cuerpo, sintiendo la mayor cantidad de piel posible antes de llegar a su pantorrilla y doblar su pierna, apretándola contra su cadera y usándola para impulsarme, empujándome para entrar en ella de una sola vez.
Gimió con fuerza. Una mezcla rara entre mucho placer y un poco de dolor. Aunque no había sido mucho, por un momento me asusté, quizás la había lastimado. Pero no tuve mucho tiempo para pensarlo. Sus uñas se clavaron en mi espalda y perdí el poco control que me quedaba. Apoyé la cabeza en su hombro y salí despacio de su cuerpo, para luego impulsarme de nuevo contra su cadera de un solo movimiento. Se estremeció y gritó mi nombre.
Me mordí el labio y aumenté la velocidad. Me excitaba más de la cuenta escucharla así de entregada. No quería ni pensar en la posibilidad de detenerme, ya era imposible. Me moví más rápido, su piel se sentía tan suave y caliente bajo la mía. Y podía sentir su pecho apretándose contra el mío cada vez más, mientras su respiración se volvía irregular. Esos pechos… me moría por probarlos. Bajé la cara un poco y la escuché gemir mientras jugaba con uno de sus pezones, lamiéndolo y chupándolo alternativamente. Después hice lo que ella había hecho antes, alejé mi boca y soplé un poco su piel, haciendo que su pezón se tensara aún más.
Pero todavía no era suficiente. Quería volverla loca. Quería que perdiera el control y olvidara hasta su nombre. Solté su pantorrilla sin dejar de moverme y corrí mi mano por su piel hasta su intimidad. A penas la toqué -solo tanteando para buscar el punto exacto-, grito y arqueó la espalda. Ese debía ser. Moví los dedos al mismo ritmo en que la embestía, bastante rápido y con un poco de rudeza.
Pero a pesar de ser brusco, pareció gustarle. Ahora sí que parecía fuera de control. Después de solo unos segundos, comencé a sentirla viniéndose a mí alrededor. El temblor de todo su cuerpo era delicioso. Me moví más lento, intentando que no me llevara con ella. Era tentador, pero yo quería seguir viéndola así… totalmente desquiciada y en las nubes.
Se mordió el labio de forma tan sexy que tuve que desviar la vista para concentrarme. Cuando dejó de estremecerse me quedé quieto un segundo, esperando a que volviera en sí y abriera los ojos. Cuando lo hizo, pasó la pierna que había tenido agarrada por atrás de mi espalda, apretándome contra ella, haciendo que siguiera. Y así lo hice. Ya ni podía pensar en otra cosa que no fuera su calor y su piel. Volví a mover mi mano, que había dejado quieta, y comenzó a gemir de nuevo. Esta vez la besaba, así que gemía contra mi boca, una y otra vez mientras me continuaba moviendo. Bajé a besarla en el cuello cuando necesité respirar. Detesté tener que usar la boca para algo que no incluyera su piel.
Pasó su otra pierna por detrás de mi espalda y sentí cómo cruzaba los tobillos. Impulsándome para que la penetrara más fuerte. Eso hice, mientras escondía la cabeza en su hombro de nuevo. Me podría pasar la vida entera escuchando su respiración entrecortada y el alocado ritmo de su corazón. Antes había notado que era más rápido que el de un humano normal, pero ahora parecía un colibrí.
- Jake… -soltó, apretando con sus manos dos puñados de mi cabello. Si seguía diciendo mi nombre de esa forma, ya no podría resistir por mucho tiempo más. Me moví casi frenético, siguiendo el ritmo que marcaban sus latidos y la fuerza que me pedían mis instintos.
- Jake… -esta vez sonó más alto.
- Koko… -tragué e intenté tomar aire en vano- Ya no puedo…
En el momento en el que dije su nombre sentí como se apretaba a mí alrededor de nuevo y escuché como se cortaba su respiración. Estaba llegando de nuevo para mí. Y esta vez me vine con ella. Ya estaba al borde, y ver su cara contraída por el placer me empujó al precipicio. Era la sensación más placentera que había sentido en mi vida. Sentir cómo sus músculos se apretaban y ver como sus facciones se contraían. La embestí un par de veces más, y luego esperé en su interior hasta que dejé de sentirla palpitar.
Besé su hombro, luego su cuello y así fui subiendo hasta su boca. Me quedé por un momento ahí y luego me alejé para mirarla. Tenía la sonrisa de satisfacción más hermosa que pudiera existir. Me mordí el labio y sonreí con ella.
- Te amo. –Le repetí. Su sonrisa se hizo todavía más ancha. Creí que le desgarraría algún músculo de la cara.
- Yo también te amo. –Me contestó pasando una mano por mi cara. Cerré los ojos de nuevo, ahora sólo para concentrarme en esa caricia, y con eso, supe que nunca la dejaría ir. La volví a besar, y me alejé lentamente hasta salir por completo de ella.
sábado, 3 de octubre de 2009
Fiesta Sorpresa - Capítulo VII: "Bocadillos"
Disclaimer: La mayoría de los personajes son de Stephenie Meyer, y muchos otros son mis versiones de ustedes, mis NTLS! Jajaja!
Summary: Somos el clan latino, y Joy está por cumplir años... hay que organizarle una fiesta, pero a quién podemos invitar??? (adivinen!)
Advertencia: Rating M
Capítulo VII: “Bocadillos”
Robin’s POV
El lugar donde Kokoro y yo solíamos comprar la comida no quedaba muy lejos. Sólo estábamos a unos cinco o seis kilómetros. Normalmente le hubiera pedido prestado el auto a una de las chicas, pero ahora quería tomarme el tiempo para caminar. Quería pasar todo el tiempo posible con él. Tenía que saber que rayos le pasaba por la cabeza.
Además, era un lobo. No creí que se cansara demasiado rápido. Así que caminamos a paso lento charlando y riendo como si hubiéramos sido amigos desde siempre. Era tan fácil hablar con él. Sólo dos horas habían pasado desde que nos conocimos, y sin embargo, sentía que podía contarle todo sobre mí. Y nada me lo impedía.
Caminábamos separados –sus manos nunca salían de los bolsillos de sus pantalones- pero la conexión que sentía hacia él hacía que lo sintiera cerca. Que lo quisiera cerca.
Se rió como niño cuando pateé una piedra y no llegó a alejarse ni dos metros. Me puse un poco colorada, pero no iba a dejar que me intimidara.
- Bueno, no todos pueden tener poderes sobrehumanos –me reí con él.
- Si, supongo que es cierto. –Y pateó otra piedra. La mandó bien lejos, pero andaba descalzo y uno de los bordes le cortó un poco el dedo pulgar. Puso mala cara, pero no se quejó.
- Auch… ¿Quieres que volvamos? –le pregunté viendo que el corte era bastante profundo.
- Naaa… -negó con la cabeza como si yo hubiera dicho algo muy ridículo- No te preocupes, no es nada, sanará en unos segundos.
- ¿Segundos? –le contesté incrédula.
- Si, seguro. Mira. –Alzó su pié para que viera la cortadura de cerca. Tenía razón. Ya estaba sanando. No habían pasado ni treinta segundos, y la herida ya estaba prácticamente cerrada.
- Eso es increíble. –Articulé bastante impresionada. Se rió de mi reacción y se encogió de hombros.
- Solo es por ser lobo. –Me explicó. Solo ahí entendí que no sabía nada sobre su especie. En todos los años que había pasado viendo ir y venir a Adri, no me había preocupado en lo más mínimo en aprender algo sobre sus habilidades. Sólo sabía que era peligroso estar a su alrededor, que podían transformarse en cualquier momento. Supongo que nunca le presté la suficiente atención, pero ahora vaya que me interesaba.
- ¿Puedes curarte de cualquier cosa? –lo pensó unos segundos.
- En realidad no lo sé. De fracturas, cortaduras, mordidas, –mis ojos se agrandaban mientras la lista seguía- quemaduras, golpes, puñaladas… -lo interrumpí.
- ¿¿¿Puñaladas???
- Sip, Paul estaba jugando con unos cuchillos hace un tiempo. Quiso intentar ese truco de los magos, y fui el único que creyó que podría lograrlo. –Se agarró el costado del torso con la mano y supuse que le había dolido bastante cuando puso mala cara. Luego me miró y sonrió.
- ¿Quieres intentarlo? –me tomó por sorpresa su tono divertido.
- ¿Apuñalarte? Muchas gracias, pero justo ahora no traigo nada afilado… quizás más tarde. –le contesté con un tono bastante sarcástico. Se rió y se encogió de hombros mientras volvía a meter las manos en los bolsillos.
- ¿Y que otras cosas puedes hacer? –le pregunté después de unos segundos. No quería que dejara de hablar.
- Bueno… no envejezco. –Eso sí lo sabía. Siempre pensé que debía ser un fastidio. ¿Nunca envejecer? ¿Ver a todo el mundo marchitarse y morir? Para mí era una condena eterna. Por eso nunca quise ser un vampiro. Yo era feliz sabiendo que tenía que aprovechar cada minuto de mi vida, porque bien podría ser el último. Pero no se me había ocurrido preguntarle su edad. Podría tener cien años.
- ¿Y cuántos años tienes?
- Veintiuno. –Asentí aliviada. Me hubiera impresionado un poco si hubiera tenido la edad para ser mi abuelo- ¿Y tú?
- Dieciocho. –le contesté y asintió pensativo.
- Bueno, y lo transformarse espanta bastante al principio. ¿Quieres ver? –parecía entusiasmado.
- ¿No es…? Digo ¿No puede ser… peligroso? –le susurré. Nunca había preguntado lo suficiente sobre los licántropos. Todo lo que tenía seguro era que podían perder el control. La pregunta pareció lastimarlo porque la sonrisa se borró de su rostro.
- Lo siento, pero no se mucho sobre ustedes. –me disculpé.
- No te preocupes, tienes razón. Sí podemos ser peligrosos. Cuando nos enojamos más de la cuenta podemos transformarnos sin desearlo. Eso no es muy… conveniente.
- ¿Pero si no te enojas? –negó con la cabeza.
- No, si no estamos enojados nosotros decidimos cuándo entrar en fase. Eso no es peligroso. Sólo somos nosotros… pero con forma de lobos grandotes. –Frunció el ceño negando con la cabeza- ¿Tiene sentido?
Asentí mientras nos reíamos un poco por sus palabras.
- Suena… raro.
- Lo es. Y ni te imaginas lo molesta que puede ser la mente colectiva. –lo miré con curiosidad- Ah, es que cuando somos lobos todos escuchamos lo que piensan los demás, y vemos lo que ven.
- ¿Todo?
- Si, todo. Es útil para las batallas y esas cosas, pero eso no hace que deje de ser un fastidio el resto del tiempo. No se puede tener secretos. Es lo único que no me gusta sobre ser un lobo. Lo demás es increíble, pero que los demás sepan todo sobre ti se vuelve bastante vergonzoso.
- Bueno, pero te enteras de muchas cosas interesantes, ¿no? –dije a modo de broma para alegrarlo un poco. Sonrió y rodó los ojos.
- Uf. Ni te imaginas. –Soltó en tono sarcástico, para luego hablar un poco más en serio- Todo lo que piensan los demás es sobre sus imprimaciones. Sam ya nos tiene hartos con las fantasías sobre Emily. Aunque ahora Jake, Quil y yo podremos atormentarlo por un tiempo a él.
Se rió a carcajadas, y yo sonreí. Adoré su risa. Era muy contagiosa… aunque no había entendido nada de lo que había dicho.
- ¿Qué son imprimaciones? –le pregunté. Era la única palabra que no conocía. Frunció el ceño por unos segundos mientras miraba hacia delante.
- Es algo de lobos. –Agregó con la vista perdida en el camino de tierra.
- Eso lo aclara todo. –Le recriminé irónicamente cuando se quedó callado. Sonrió y negó con la cabeza. Parecía algo que no quería contar, y eso sólo hizo que me diera más curiosidad. ¿Qué cosa podía ser peor que tener a seis personas dentro de tu cabeza? Se aclaró la garganta y tomó aire.
- De hecho yo no creía mucho en ellas. –dejó de hablar, pero yo lo seguí mirando hasta que continuó- Es como… amor a primera vista. Según los mayores, son para ayudarnos a encontrar a nuestras “parejas genéticas ideales” –hizo comillas en el aire e imitó una voz grave y un tono formal que me sacaron una carcajada-. Es como… no se, no lo puedo explicar.
Se volvió a quedar callado, y eso me volvía loca. Suspiró.
- ¿Alguna vez haz escuchado esa frase es que dice que puedes “encontrar a tu otra mitad”? –Asentí- Bueno, es algo así. Como si todo encajara cuando ella está cerca. Como si todo tuviera sentido cuando la vez.
Lo que decía era hermoso. Pero no me atreví a preguntarle si lo sabía por sí mismo o por las mentes de su manada. Si tenía imprimación, no soportaría averiguarlo ahora. Así que no seguí indagándolo. Sólo lo dejé correr.
Mer’s POV
Cuando desaparecieron por las escaleras, supuse que Edward y Joy iban a tardar bastante en volver. O al menos eso esperaba. Pero no sería bueno esperar a que Edward regresara de su “reto” para elegir a otra persona. Así que le dije a Emmett que escogiera a alguien más. Lo pensó bastante.
- Ok. A ti.
-¿Qué? –eso no me lo esperaba.
- Ya me oíste. ¿Verdad o consecuencia?
- Consecuencia. –Si decía “verdad” no tendría nada para contar, después de todo, solo tenía poco más de siete años de recuerdos, y ahora todos estaban borrosos.
- Te reto a ver quién de nosotros dos es más fuerte.
Levanté una ceja. Si quería meterse con una neófita, yo no tenía problema.
- Seguro, fortachón. –Le contesté levantando la barbilla desafiante- ¿Qué propones?
Dudó por unos segundos.
- ¿Una pulseada?
- No, no planeo romper toda la casa para probarte que puedo vencerte.
- ¿Tienes miedo de que te lastime, muñequita? –me preguntó con una mueca de suficiencia. Me estaba provocando. Eso no era inteligente. Los lobos se pusieron un poco tensos cuando mi postura cambió a una de ataque.
- ¿Por qué no hacen otra cosa? –nos interrumpió Kokoro.
- ¿Cómo qué? –le contesté. Quizás ella evitara que rompiera en pedazos al fanfarrón.
- Podrían averiguar quién corre más rápido. –Ambos le dimos miradas incrédulas- ok, ok, pueden ver quién arroja algo más lejos, o algo así.
Eso no parecía mala idea. Y a juzgar por la cara de Emmett, pensaba lo mismo que yo.
- ¡Trato hecho! De todas formas no quería hacerte daño, dulzura.
Lo miré con odio mientras se ponía me pie. Como si él pudiera lastimarme a mí. La idea me daba ganas de reír. No sabia con quién se estaba metiendo. Me dirigí a la puerta, pero antes pensé en escoger a otra persona para mantener el juego andando.
- Yo escojo a Nahuel. –Anuncié señalándolo. La verdad, no me había caído del todo bien. Había escuchado cómo le advertía a su hermana sobre los lobos antes de que entraran. Y ahora se había pasado toda la noche babeando por Adri. Ella no se merecía imprimar en un tipo así de hipócrita.- ¿Verdad o consecuencia?
- Verdad. –Contestó muy seguro de sí mismo. Sonreí maliciosamente.
- ¿Qué es lo que realmente pensabas acerca de los lobos?
Tosió y abrió los ojos como platos, como si se hubiera atragantado. Contuve una sonrisa y Emmett y yo nos dirigimos afuera. Le probaría a este presumido que no tenía porqué serlo.
Nahuel’s POV
¡Maldición! Debí haber elegido “consecuencia”. ¿Qué rayos se suponía que dijera? ¿La verdad? No podía. No podía lastimarla. Sólo habían sido prejuicios estúpidos causados por las historias que me habían contado. Nunca había creído que conocería a lobos así. Nunca había creído que conocería a una loba así. Me aclaré la garganta para ganar tiempo.
- En realidad, no sabía que pensar. No tenía idea de cómo serían.
- Sabes que eso no es cierto. –me delató Kokoro. ¿Por qué se metía? Tragué en seco, maldiciéndola para mis adentros por descubrir mi mentira.
- Bueno, sí había escuchado cosas sobre ustedes. –Bajé la cabeza. No podía mirarla a los ojos mientras decía esto- Todos los vampiros decían que eran peligrosos.
- ¿Y? –inquirió Kokoro de nuevo. Apreté los puños. En cuanto tuviera la oportunidad la mataría. Decidía soltarlo de una sola vez.
- Decían que sólo eran apestosos animales asesinos con aires que se creían mucho. –Eran las palabras exactas de uno de los vampiros que quedó sin pareja por su causa. Noté como los ojos de Adri se llenaban de lágrimas, así que me apresuré a seguir hablando. Ahora me dirigía sólo a ella. Me importaban poco las figuras temblorosas de los lobos a mí alrededor- De verdad lo siento. Nunca había conocido a uno de ustedes en persona. Y debo admitir que todas las personas que me han contado historias sobre los de tu raza han sido vampiros. Y ninguno vegetariano.
Parecía que Adri estaba a punto de salir corriendo. Me sentí como un idiota por lastimarla de esa forma. No sabía como enmendar mi error. Sólo se me ocurrió ser sincero.
- En serio lo siento. Se que no debí pensar eso, pero nunca había conocido a ninguno de ustedes. Lo cierto es que nunca… nunca había conocido a alguien como tu. –Le dije. Sus ojos revolotearon para encontrarse de nuevo con los míos. Ahora parecían esperanzados- Definitivamente soy pro-licántropos ahora.
Su mirada voló hasta la híbrida y ella asintió ligeramente con la cabeza. Los demás las miramos extrañados, pero decidí que no diría nada. Sólo suspiré cuando volvió su vista hacia mí con una sonrisa en el rostro. Parecía increíble que ese rostro pudiera ser todavía más bello, pero esa sonrisa lo dejaba deslumbrante.
- Bueno, ahora te toca a ti. ¿A quién eliges? –me preguntó uno de los lobos. Creo que su nombre era Anvil, pero no estaba seguro. Sonreí de oreja a oreja.
- A Adri. –Contesté muy seguro- ¿Verdad o consecuencia? –Agregué mirándola directamente a los ojos. Lo pensó muy detenidamente, supongo que el momento que yo acababa de pasar debería servirle de ejemplo.
- Consecuencia. –Contestó muy bajo, casi en un susurro. Eso me enterneció, y casi no le digo lo que tenía planeado… casi.
- Te reto a que entres en fase delante de mí. –Le solté de una vez. Creo que decir que se puso colorada es quedarse corto. Me reí internamente, era muy dulce. Y quizás le diera vergüenza, o se sintiera incómoda, pero había pensado en verla en su forma de lobo desde la primera vez que la vi. No sabía porqué, pero la idea me atraía muchísimo. Era como verla en su estado más básico. Su esencia. Y el hecho de que debería sacarse la ropa era un detalle que estaba más que dispuesto a soportar.
Kokoro´s POV
Me reí con ganas. Adri debería transformarse ante su imprimación. Me parecía muy bien, obviamente el chico necesitaba una o dos lecciones sobre los lobos. “Sólo animales” bah! Que descarado. Lo hubiera despedazado yo misma si Jake no me hubiera agarrado del brazo disimuladamente. Tenía razón, probablemente, matar a la imprimación de mi mejor amiga no la alegraría mucho.
Por suerte, la había arreglado bastante bien, y había sido muy sincero. Supuse que todos teníamos prejuicios de vez en cuando.
El ruido de mi estómago me distrajo de mis pensamientos. De verdad que tenía mucha hambre. Todo lo que había comido hoy había sido ese puñado de palomitas mientras mirábamos la película. Luego, cuando quise llegar a la mesa de la comida, todo había desaparecido. Era de suponer que haber traído a media docena de licántropos tendría sus consecuencias.
- ¿Alguien más tiene hambre? –preguntó Jake en voz bastante baja. Creo que yo lo escuché sólo porque estaba atenta a todo lo que salía de su boca, los demás no le estaban prestando atención. Pero había algo raro en su pregunta y no supe identificar qué.
- ¿Tu si? –repliqué. Había estado comiendo desde su llegada.
- Si, muero de hambre. ¿Tu no? –Era la primera mentira que me decía. Después de todo lo que me había contado con total sinceridad ¿Por qué me mentiría en algo tan trivial como tener hambre? Decidí seguirle el juego.
- Si, yo si. Mucha. –Le dije francamente. De verdad que mis propias tripas me estaban queriendo dejar sorda.
- Bueno, ¿que tal si buscamos algo en la cocina? –Me preguntó inclinándose ligeramente para susurrar en mi oído. No contuve mi sonrisa. ¿Por eso había mentido? ¿Quería estar a solas conmigo? Definitivamente no tenía ningún problema con eso. El juego parecía haber alcanzado una especie de tregua, y los que quedaban en la habitación habían vuelto a sus pequeñas conversaciones. De seguro a nadie le molestaría si nos escapábamos por un momento.
- Si, seguro. –Le contesté mientras me ponía de pie dirigiéndome a la cocina. Seguro ahí sí le sacaría la razón por la que me había mentido. Caminé lento y moviendo las caderas lo más que podía. Él me seguía de cerca, y creo que pude escuchar cuando su mandíbula tocó el piso. Esto de tener a un lobo imprimado era bastante interesante.
Cuando entramos a la cocina, yo me dirigí a la heladera para buscar algo para comer. Quizás él estuviera mintiendo, pero yo sí estaba famélica. Por suerte, mi sed estaba controlada –había ido a cazar hacía poco-, pero el hambre era una sensación distinta. Encontré una mandarina en el cajón de las frutas. La tomé y la empecé a pelar mientras hablaba.
- Así que… ¿tenías hambre, no? –la sutileza no era mi fuerte.
- No, de hecho no, para nada. Siento haberte mentido. -Sonreí.
- Bueno, pero fue la única vez. Te sorprenderías si supieras la cantidad de mentiras que dice la gente en una conversación común. A veces llego a detectar veinte en pláticas de quince minutos.
Me miró extrañado y se acercó un poco, inclinando su cabeza hacia un lado. Me metí un gajo en la boca para callar a mi estómago, el ruido ya me estaba comenzando a distraer.
- ¿Cómo…? ¿La única…? ¿Detectar…?–Parecía que no encontraba las palabras. Al fin se decidió por un simple:- ¿Qué?
- Es que tengo una habilidad. –Se acercó más y yo me metí otro trozo de fruta en la boca- Detecto mentiras… puedo saber si alguien miente con solo escucharlo.
- ¿Siempre? –Asentí y tragué lo que tenía en la boca. Este era un momento que nunca me gustaba. La gente siempre cambiaba de actitud cuando sabía sobre mi habilidad. Se ponían nerviosos, como si yo fuera a revelar todo lo que pensaban al mundo entero. Me puse de espaldas a la mesada, apoyando mis manos detrás de mí, mirándolo con atención. Por un segundo pareció pensativo. Luego se encogió de hombros.
- Que curioso…
¿Eso era todo? ¿No se iba a poner de los nervios intentando ocultarme las cosas? ¿No me iba a preguntar qué tanto podía detectar?
- ¿Curioso? –le pregunté.
- Si –se encogió de nuevo de hombros. ¿Por qué lo tomaba tan bien?- Nunca había escuchado que los híbridos pudieran tener poderes.
Decía la verdad.
- Debe ser muy útil –Agregó de nuevo. No pude detectar que ocultara algo. No parecía nervioso en absoluto. Me mordí el labio.
- ¿En serio no te molesta? –Le pregunté cuando no dijo nada más. Me parecía increíble su reacción.
- Nop. –Hizo sonar sus labios con el sonido de la “p”. Lo miré curiosa. Seguía diciendo la verdad. ¡El lobo estaba totalmente loco!- De todas formas jamás te mentiría.
Casi lloré de la emoción. Y él lo notó. Se me acercó más y puso su mano en mi cara, levantándola para que lo mirara.
- ¿Qué sucede? –me susurró con su rostro a veinte centímetros de mío. Me quedé helada y la fruta se escapó de mis manos. Jake la agarró a la mitad del viaje hacia el piso y la apoyó en la mesada detrás de mí. Pero cuando lo hizo, se estiró hacia delante, inclinándose sobre mí. Su mano derecha todavía estaba en mi rostro, su dedo pulgar se movía por el lóbulo de mi oreja haciendo que se me erizaran los bellos de la nuca.
Cuando notó que estaba a solo un par de centímetros de distancia de mi cara, me miró directo a los ojos por un par de segundos que se me hicieron eternos. Podía sentir la electricidad atacando mis sentidos. Se mordió el labio y luego siguió inclinándose hasta toparse con mi boca. Eran los labios más tiernos que hubiera probado. Se movía lento, como tanteando… como esperando a que lo rechazara. Pero si eso era lo que esperaba, se iba a llevar una buena sorpresa.
Me incorporé un poco para intensificar el beso y darle un poco más de confianza. Parecía tan… temeroso. Sentí su sonrisa pegada a mis labios y un hormigueo me recorrió el estómago cuando su mano izquierda se posó en mi cintura y me apretó contra él.
Ya estaba tan seguro de sí mismo como antes. Sus labios se movían ansiosos contra los míos, como si muriera de sed, y yo fuera la última gota de agua del universo.
El beso se calentó junto con su temperatura cuando mis brazos pasaron alrededor de su cuello y mis dedos se enredaron en su pelo. Soltó un pequeño gemido que me volvió loca y luego de un rato se alejó respirando con dificultad y bajando un poco para besar mi cuello. Me apoyé más contra la mesada, permitiendo que se pegara más a mi cuerpo.
Me estremecí cuando sus manos se pasearon por mi espalda. Ya no podía ni respirar. No recordaba como diablos se hacía. No recordaba nada que no implicara besar esos labios y tocar ese cuerpo. Mis manos se deslizaron hacia sus hombros y luego hacia la parte alta de su espalda. Tragué en seco y esta vez fue a mí a quien se le escapó un gemido.
Jake gruñó por lo bajo y sus manos pasaron a apretarse a los lados de mi cadera. Sus dedos se clavaron en mi piel y gemí de nuevo, esta vez en su boca, que había vuelto a la mía. Sentí como me humedecía cuando una de sus manos fue subiendo por mi torso, metiéndose entre la tela de mi camiseta y mi piel… y estoy segura de que ese detalle no pasó desapercibido para Jake.
Su mano volvió como resorte a mi cadera y me levantó en vilo para dejarme sentada en la mesada. Mis ojos volaron a la puerta. Estaba cerrada. Reprimí otro gemido cuando sentí su entrepierna pegarse contra la mía. Ambos llevábamos jeans, pero podía sentir su dureza a través de la tela… y la sensación me embriagó.
Se restregó con fuerza contra mí centro mientras su boca bajaba de nuevo a mi cuello. Sentí que volaba. Me apreté contra él y entendió que quería que lo hiciera de nuevo. Se movió lento, apretándose más duro contra mí. Sentía que me deshacía en mil pedazos mientras él aumentaba el ritmo con el que se frotaba contra mí. Nunca nadie me había hecho sentir así, y menos sin siquiera penetrarme. Pero Jake era tan… tan… Ah! Ni siquiera encontraba las palabras. Todo en lo que podía pensar en ese momento era en su miembro duro y ansioso detrás de esos shorts. En su pecho amplio y caliente que subía y bajaba por su propia excitación. En sus manos, colándose por debajo de mi blusa acariciando mi piel, que parecía arder a su contacto.
Estaba totalmente vestida, y estaba sintiendo cosas -tan intensas- que ningún hombre me había podido hacer sentir estando completamente desnuda y a su merced.
Pero ahora lo veía claro. Nunca había estado a su merced. Yo estaba hecha para Jake. Y él estaba hecho para mí. Este dato se filtró por mi mente y me traspasó los huesos. Era lo más excitante que había escuchado en mi vida. Justo entonces Jake soltó un gemido un poco reprimido contra la piel de mi cuello, justo debajo de mi oreja. Me había equivocado. Eso era lo mas excitante que había escuchado en mi vida.
Su mano rasgó el escote de mi blusa para dejar al descubierto uno de mis pechos, mientras seguía moviéndose insistente contra mí. Era increíble que supiera justo el punto exacto en el que hacer más presión para causar el máximo de placer con cada movimiento.
Poco me importó que hubiera roto mi blusa cuando su boca llegó a mi pecho y su lengua caliente comenzó a jugar con mi pezón. El calor ya me quemaba. Sentía que el éxtasis se acercaba y no podía hacer nada contra los gritos que comenzaron a escaparse de mi boca. ¡No! ¡Debía controlarme! Si alguien nos encontraba…
Otro gemido me quemó la garganta y la mano de Jake me tapó la boca firme pero gentilmente mientras el mejor orgasmo de mi vida se apoderaba de todos mis sentidos. ¡No podía ser cierto! ¡Ni siquiera me había penetrado! Por todos los cielos, ni siquiera había usado las manos… o la boca.
Me estremecí de pies a cabeza y grité su nombre contra su mano un par de veces más. ¡El hombre era un Dios! No, mejor que eso… era un hombre, uno de verdad.
Me hubiera desplomado contra la mesada si los brazos de Jake no me hubieran pegado contra su pecho. Su cabeza quedó contra mi hombro. Respiraba agitado y escuchaba su corazón latir como loco.
Cuando trago en seco noté que su respiración no se normalizaba como lo hacía la mía. ¡Claro! Él no se había venido. Me encantó la idea de que sólo quisiera complacerme a mí. Pero había un problema. Yo sólo quería complacerlo a él.
Mi mano bajó por su pecho muy lentamente y sentí como escondía su cara en mi hombro, reprimiendo un gruñido. Cuando llegué a tantearlo por encima del pantalón, el sonido que salió de su pecho sonó torturado y su respiración se volvió más irregular. Se aclaró la garganta y habló despacio en mi oído y con voz ronca.
- ¿Podemos… -tragó en seco e hizo “mmm” cuando moví mi mano más fuerte por encima de la tela- …ir arriba… por favor?
Me estaba suplicando. No tenía idea de lo innecesario que era eso. Pero de todas formas, no me importaba cómo lo pidiera, solo quería subir… ¡pero YA!
Sonreí y me sostuve de sus hombros para enrollar mis piernas alrededor de su cadera y subirme a su cuerpo.
Gracias Annie...
