sábado, 10 de julio de 2010

Herencia Maldita - Cap 10 - Naty Celeste

Disclaimer: La Saga Twilight y los personajes originales son de la increíble Sthephenie Meyer, los personajes adicionales y la historia son mias (ojalá eso no sea algo malo XD)

Summary: El nunca quiso esto, todo lo que deseaba era ser normal, pero eso no era lo que el destino le deparaba al hijo de una híbrida y un licántropo.
Nota: Sorry por adelantado, sé que es demasiado largo, pero no lo supe resumir :S

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Capítulo 10 Expuestos

Meg trajo consigo una baraja de cartas, así que jugamos hasta que el condenado repartidor se dignó a aparecer.

- ¡Por fin! -casi grité mientras Meg se ponía de pie para salir de la habitación-. ¿¿¿Perdón??? -pregunté al verla dejar caer la sábana, quedando completamente desnuda. Hubiera gruñido de no ser por el hecho de que seguía alejándose, con intención de abrir la puerta.

- Ya no es momento de ponerme pudorosa ¿cierto? -preguntó con tono inocente, echándome en la cara las palabras que había dicho hacía un rato. Siguió caminando y yo me levanté como impulsado por un resorte, corriendo tras ella a velocidad sobre-humana en cuanto fui capaz de reaccionar.

Llegué justo cuando sus dedos estaban a unos centímetros del picaporte y la abracé por la espalda besándole el cuello. Soltó una risa tan simple y sincera que no pude evitar reír con ella. Mientras aún se reía con ganas, la volteé y la acorralé contra la pared de detrás de la puerta, mirándola a los ojos por un segundo. La alegría en ellos era de seguro un reflejo exacto de la mía. La besé en los labios y luego me alejé de mala gana cuando el repartidor golpeó de nuevo la puerta al escuchar el ajetreo.

- Quédate aquí -susurré en su oído justo antes de impulsarme con los brazos para alejarme de ella y abrir la puerta de repente. Pude escuchar el pequeño jadeo de Meg y no pude evitar reírme con ganas. El repartidor me miró extrañado, así que aclaré mi garganta y sacudí un poco la cabeza. Su expresión parecía aturdida, pero a pesar de que lo intenté, no pude ver ni oír lo que estaba pensando.

- ¿Estás bien? -me preguntó después de unos segundos con un poco de duda en sus facciones. Cierto, quedarse mirando a la gente no era algo muy normal. Sacudí de nuevo la cabeza y asentí entregándole el dinero-. Gracias, que tengan un buen día -contestó despidiéndose y entregándome la comida. Cerré la puerta y me reí de Meg, que tenía el rostro completamente rojo. Me golpeó el hombro con la palma de su mano, y yo solo me reí con mas fuerza. Frunció el ceño.

- Hay, vamos, ni siquiera notó que estabas ahí… -me excusé.

- ¿No lo escuchaste? Dijo “que tengan un buen día”. Plural. -replicó remarcado cada palabra. Le sonreí negando con la cabeza.

- Sólo notó que estaba acompañado por mi expresión. Nadie puede estar tan feliz sin haber encontrado al amor de su vida -le sonreí ladeando la cabeza y pestañeé rápidamente muchas veces, hasta que no pudo evitar reírse de mí. Puso los ojos en blanco y volvió a empujarme en el pecho, aunque a penas me moví.

Me quitó las pizzas de las manos y me dio la espalda, alejándose. Gruñí y me quedé en donde estaba, observando la preciosa vista que me proporcionaba.

Comimos en la habitación, luego de que Meg insistiera en ponerse algo de ropa. Optó por unos pantalones deportivos míos y una playera vieja de las pocas que conservaba tras todos mis viajes. Había sido un regalo de Lexy hacía ya mucho tiempo. Meg era la única persona a quien le hubiera permitido usarla.

Suspiré mientras la miraba. De verdad se llevarían bien si se conocieran.

- ¿Qué sucede? -preguntó en voz baja notando mi nostalgia.

- Nada, solo… pensaba en esa camiseta. Fue un regalo de Lexy -le sonreí sinceramente y ella frunció el ceño.

- ¿Quieres que me la quite? -preguntó incorporándose.

- ¡No!.. Bueno, de hecho siempre estoy a favor de que te quites la ropa… pero me gusta mucho verte con esa blusa -le sonreí-. Me recuerda que lo sabes todo sobre mí… y que aun así estás aquí conmigo.

Meg sonrió pero la alegría no se asomó por sus ojos.

- ¿Qué sucede? -le pregunté preocupándome un poco. Tragó audiblemente y luego soltó un largo suspiro.

- Nada -negó con la cabeza y sonrió más ampliamente-. Creo que comí demasiado -murmuró y luego se rió de sí misma.

- Hey, yo fui el que se comió más de una pizza, ¿recuerdas?

- ¡Sí! No se cómo mantienes esa figura comiendo tanto -se rió más fuerte y luego se dejó caer en la cama suspirando. Rodé mi cuerpo por el colchón y me incorporé sobre mis brazos, poniendo mis manos una a cada lado de su cabeza para mirarla a los ojos.

- Podemos hacer algo de ejercicio para bajar la comida, si así lo quieres -soltó una carcajada.

- ¿Es que nunca te cansas? -simulé pensarlo por un segundo.

- Nop -murmuré luego muy seguro y ella puso los ojos en blanco-. Bueno, bueno… -miré por la ventana y una brillante luz de color anaranjado me llamó la atención-. ¿Qué me dices de una caminata? -miró hacia afuera y sonrió.

- Será una noche cálida… -murmuró con una sonrisa. Acaricié su rostro con el dorso de mis dedos y me miró de nuevo. No pude evitar darle un corto y tierno beso en los labios. Cuando me alejé de nuevo me regalaba una dulce sonrisa que hizo que se me inflara el pecho. Sería capaz de hacerlo. Podría hacerla feliz si me lo proponía. Dedicaría cada segundo de mi vida a eso.

- ¿Es eso un sí?

- Claro, sólo quítate de encima para que pueda ir a cambiarme -dijo burlona.

- ¿Estás segura de que es completamente necesario? -murmuré bajando un poco el rostro y besando su cuello. Sonreí cuando soltó un suspiro y mi cuerpo comenzó a reaccionar cuando un gemido casi inaudible se escapó de sus labios. Rodé de nuevo en el colchón para alejarme un poco mientras gruñía. No esperaba que reaccionara de esa manera-.

- Sí no me voy a cambiar en los próximos treinta segundos, lo haremos de nuevo y ya no iremos a caminar ¿cierto? -preguntó con un tono un poco burlón. Solté una carcajada, pero no la miré.

- Puedes apostarlo -murmuré.

- Bien, volveré en un segundo -anunció y yo levanté la vista y fruncí el ceño. Eso había dicho la vez anterior. Solo puso los ojos en blanco y se marchó. Me levanté y junté un poco del desastre que habíamos dejado al comer en la cama. Me puse una camisa ligera y esperé un par de minutos más. Sólo quince minutos después, Meg ya estaba de vuelta. Esta vez no había dejado de prestarle atención a cada uno de sus movimientos. Después de todo, no encontraría jamás un mejor uso para el súper oído.

Me quedé totalmente quieto cuando atravesó la puerta. Se había puesto un vestido que le llegaba hasta debajo de la rodilla y sandalias sin taco. Se veía increíble. Nunca dejaba de sorprenderme. Sonrió al ver mi reacción y extendió la mano para que la tomara. Lo hice en cuanto encontré los músculos necesarios y la acerqué a mí para besarla.

- No puedo creer lo hermosa que eres -susurré quitando un mechón de cabello de sus ojos. Sonrió de nuevo y se ruborizó. Temí despertarme de un sueño de un momento a otro. Sentía como si fuera demasiado perfecta para ser real. Como si fuera a desaparecer de un momento al otro, como un espejismo en el desierto. Suspiré muy profundamente y me alejé un poco sin soltar su mano.

- ¿Los treinta segundos? -preguntó burlona de nuevo.

- Definitivamente -contesté dirigiéndome a la puerta.

Decidimos caminar por la playa un rato. El clima era perfecto, o al menos eso creía. Las estrellas se veían por doquier y eran casi lo único que nos alumbraba. La playa no parecía muy concurrida. Sólo algunas parejas aquí y allá. Probablemente muchos tendrían que trabajar al día siguiente.

Nos movíamos lentamente, tomados de la mano. Por un momento quise reírme de lo cursi que se vería la escena desde el exterior, pero supuse que ahora siempre sería así. Sería un cursi, meloso y molesto enamorado por el resto de mi vida.

- ¿Por qué sonríes? -me preguntó de repente Meg. No habíamos dicho mucho hasta entonces. Me encogí de hombros.

- Estoy feliz –admití como si se tratara de un secreto. Sonrió de lado y estrechó mi mano un poco más fuerte-. ¿Sabes? Nunca había sido feliz antes. Al menos no completamente -murmuré.

- Es un poco extraño, ¿cierto? -murmuró.

- ¿El qué?

- El sentimiento.

- Mucho -concordé. De verdad se sentía muy extraño.

Perdí la cuenta del tiempo que pasamos caminando, pero cuando ya no hubo nadie a nuestro alrededor, nos sentamos a la orilla del mar a charlar un poco y mirar las olas.

- ¿Te parecerá muy raro si te pido algo? –soltó después de un prolongado silencio. Yo fruncí el ceño.

- No lo sabré hasta que me digas que es lo que quieres, Meg.

- Es qué… -dudó y se mordió el labio-. Quería verte de nuevo como lobo -susurró en voz muy baja, a pesar de que no había nadie alrededor para escucharnos. Me la quedé mirando frunciendo el ceño. No estaba seguro de haber escuchado bien.

- No quiero asustarte -susurré en un murmullo aún más bajo que el de ella.

- ¿No eres tú al transformarte? -preguntó dudosa.

- Sí, lo soy, pero-

- Sé que no me harías daño -murmuró interrumpiéndome.

- ¿Por qué querrías verme como perro? -pregunté. Me golpeó en el hombro sin fuerza y yo me reí.

- No eres un perro -me regañó-. Y sólo… no sé, tengo curiosidad -se encogió de hombros. La observé por un par de minutos, con la mirada perdida en sus enormes y brillantes ojos, intentando ver más allá de la fachada que había creado con tanto cuidado. Llegué a distinguir ansiedad, pero no miedo.

Así que me puse de pie lentamente y me alejé de ella unos cuantos pasos. Miré alrededor y me concentré en los sonidos también, inspeccionando el lugar. Estábamos completamente solos, y la luz era tan escasa que nadie a más de unos cuantos metros podría vernos, incluso aunque lo intentara.

Primero me quité la camiseta y luego los pantalones frente a sus ojos. No me molestaba sentirme expuesto ante ella por la desnudes. De hecho, me sentiría mil veces más expuesto transformándome frente a sus ojos. No pronunció ni una palabra. Tragué en seco y suspiré profundamente concentrándome en el calor. Me sorprendí cuando cerré los ojos y sentí una oleada de él atravesarme y extenderse hacia mis brazos y piernas fácilmente. No podía creer que no fuera doloroso. ¿Por qué antes siempre me había dolido el transformarme, y ahora se sentía tan natural?

Cuando me apoyé en mis cuatro patas la respuesta me vino a la cabeza. Jamás me había trasformado por voluntad propia. Comprendí que lo que dolía no era el transformarme, sino el intentar evitarlo. Me reí internamente y abrí los ojos para observar la reacción de Meg. Me daba una idea de lo que debía estar mirando por los recuerdos de Lexy cuando me había visto lobo. Ella había sido la única persona a quien me había mostrado así hasta ese momento. Y eso ni siquiera había sido a propósito.

- ¿Eres completamente blanco? -susurró. Asentí con la cabeza. Era cierto, lo era. Meg se puso de pie y se acercó a mí. Tuve que emplear todas mis fuerzas para no encogerme y alejarme. Me sentía increíblemente expuesto, inseguro… estaba aterrado. Temía asustarla, temía lastimarla, temía que me viera realmente y huyera de mi lado.

Su mano se posó a un lado de mi hocico y ladeé la cabeza en esa dirección y cerré los ojos. Nos quedamos en silencio, y después de un rato, Meg se sentó de nuevo en el suelo. Me eché junto a ella y apoyé mi cabeza en su regazo. Su mano se perdía en el pelaje de mi hombro, y no tardé en cerrar los ojos de nuevo y dejarme llevar por la sensación.

- De pequeña era una estúpida -murmuró de repente. Me incorporé para mirarla y levantar una ceja. Se rió-. Siempre deseé tener un pony -explicó, y me reí con ella. Me alejé unos centímetros para salir de fase.

- Pues, no seré un pony, pero siéntete libre de montarme cuando quieras -respondí. Me reí con ganas y me acerqué para besarla en los labios.

- ¿Estás sugiriendo la zoofilia? -preguntó en tono burlón. Solté una carcajada.

- Creo que no cuenta como zoofilia si estoy en mi forma humana.

- Bueno… puede que sí, a veces te comportas como un animal -musitó contra mis labios. Me reí de nuevo y solté un gruñido exagerado a modo de broma.

Había que admitir que una playa desierta y totalmente a oscuras, y yo sin pantalones, no eran una buena combinación. Comencé a entusiasmarme de inmediato, por lo que Meg sugirió que volviéramos a casa cuando comencé a deslizar mi mano por debajo de su vestido.

- ¿De verdad quieres eso? -murmuré contra sus labios mientras continuaba subiendo mi mano por el interior de uno de sus muslos.

- No -admitió sin mucho aire. Solté una risotada muda y continué subiendo hasta llegar a su intimidad.

- Eso pensé -murmuré comenzando a tocarla suavemente. Gimió muy bajito en mi oído y entrelazó sus dedos detrás de mi cabeza, atrayéndome más a ella.

*****

Cuando despertamos, la intensa luz nos indicaba que ya había amanecido hacía bastante. A juzgar por la que parecía ser la posición del Sol, debían ser casi las once de la mañana. Habíamos vuelto al departamento cerca de las cuatro de la madrugada. Ahora estábamos en mi cama de nuevo, descansando como si no fuera a haber un mañana.

Besé la parte de arriba de su cabeza con mucho cuidado, intentando no moverme demasiado.

- Por fin despiertas -murmuró. Me reí. Últimamente se me había hecho un hábito reír como estúpido por cualquier cosa-. Llevo horas esperando a que despiertes.

Levanté una ceja a pesar de saber que no podía verme.

- ¿Horas? -pregunté incrédulo.

- Bueno, quizás exagero un poco.

- ¿Qué tanto?

- Se incorporó un poco para ver la hora. OK: Llevo cinco minutos esperando a que despiertes -anunció.

- Ah… que bueno que solo exageras “un poco” -se rió por unos segundos y luego se quejó y comenzó a levantarse-. ¿Debes ir a algún lado?

- De hecho, debo devolver unos libros a la biblioteca.

- ¿Puedo ir? -dije de inmediato.

- Claro, tú debes cargarlos -bromeó. Comencé a vestirme también, y después de comer unos cereales nos fuimos a donde Meg solía trabajar, con más libros de los que pensé que una persona podría leer en toda su vida.

Espié los títulos mientras me los entregaba. Casi todos sobre ciencia ficción y mundos extraños. Misterios e historias de terror. Me reí para mis adentros y pensé que entendía un poco mejor la reacción de Meg hacia mi mundo. En una extraña forma, ella ya vivía en mundos diferentes antes de conocerme.

- ¿De qué te ríes? –preguntó mirándome mientras caminábamos. Yo llevaba una caja con más de veinte libros, pero aun así ella se colgaba de mi brazo, pegándose a mi costado. Era extraño, normalmente no le gustaban las demostraciones públicas de afecto. Me encogí de hombros en respuesta y ella frunció el ceño en mi dirección.

- Me parecen muy extrañas las cosas que lees –expliqué. Ella sonrió de nuevo. Pensé que mi comentario la ofendería, pero más bien le pareció gracioso.

- Me gustan las cosas extrañas –sentenció. Me reí con ganas.

- Debería saberlo, soy el mayor ejemplo –me burlé. Me miró haciendo una mueca con la boca, pero luego accedió encogiéndose de hombros también.

- Supongo que tienes razón –murmuró estirándose para darme un corto beso en los labios.

Después de eso no nos tomó mucho tiempo llegar a la biblioteca. Sólo estábamos a un par de calles. Al entrar, Meg abrió la puerta para que yo pasara, pero le indiqué que pasara delante con un gesto de la cabeza. Puso los ojos en blanco.

- Siempre como caballero, ¿verdad?

- De hecho, solo finjo serlo cuando estoy contigo en público –le guiñé un ojo y sus mejillas se colorearon, probablemente recordando algún detalle de la noche anterior. Hubiera dado mi brazo izquierdo por escuchar lo que pensaba en ese momento, pero en lugar de conseguirme una jaqueca intentándolo, desvié mi atención a la señora mayor sentada tras el mostrador de la enorme sala.

La mujer de cabellos plateados y lentes gruesos levantó la vista cuando Meg carraspeó para llamar su atención. Sus ojos parecieron iluminarse con la visión de la pequeña diosa que me acompañaba.

- ¡Meg! –casi gritó levantándose de su escritorio como si un resorte la hubiera impulsado. Meg le sonrió sinceramente y se acercó hasta ella para abrazarla. Parecía que no se habían visto en años-. ¿Cómo estás? No me has devuelto las llamadas, me tenías preocupada, niña, llegué a creer que-

- Señora Smith, él es Will –la cortó Meg con un tono un poco seco. Me chocaba que Meg hiciera eso, parecía ser una costumbre interrumpir los pensamientos en voz alta de los demás.

- ¡Oh! –soltó la mujer al ver que yo la acompañaba-. Lo siento, no te había visto, cariño –murmuró en tono de excusa y voz dulce. Le sonreí: a pesar de los evidentes signos de su edad, había algo en ella que me recordaba a Esme. Se me formó un nudo en la garganta, pero mantuve la sonrisa a pesar de él.

La caja se deslizó de una de mis manos por la distracción y la sostuve mejor antes de que cayera al suelo.

- Hay, pareces burro de carga, deja eso, dámelo –murmuró acercándose para quitarme la caja.

- No, no hay problema, no se preocupe. Si así lo quiere, puedo acomodarlos en los estantes –ofrecí.

- De hecho, primero hay que anotar los títulos –intervino Meg, de pronto me parecía un poco incómoda.

- También lo haré, no hay problema –respondí. Estaba comenzando a sospechar que quería irse del lugar, pero quizás sólo fuera mi imaginación-. Así ustedes dos podrán ponerse al día –agregué un poco obstinado. Meg me lanzó una mirada que de verdad esperaba haber interpretado mal. Pero parecía exasperada con mi sugerencia. A juzgar por su reacción al ver a la Señora Smith, esa me parecía una reacción realmente extraña.

Me dediqué a hacer una lista de los libros de la caja mientras ellas hablaban en voz baja. La bibliotecaria me hacía preguntas de vez en cuando, queriendo saber cosas en apariencia triviales, como mi procedencia y la profesión de mis padres. Meg se envaró cuando me preguntó sobre mi relación con ella, pero yo solo sonreí y me encogí de hombros.

- Estoy ahí para ella, sea lo que sea que quiera –levanté la vista del papel, pero sólo miré a Meg, a mi Meg, que mostraba una sonrisa tímida y apenada.

Después de eso acomodé los libros uno a uno en los estantes, escuchando como Meg hablaba con la mujer que parecía parte de su familia. Hablaron mucho sobre su ausencia, sobre por qué no había asistido en la biblioteca en los últimos meses. Le contó datos aislados sobre mí, datos que coincidían con los pocos que yo le había dado antes. Y de hecho, casi todos eran ciertos: me había mudado hacía poco a la ciudad, vivía en el departamento de junto, tenía veinte años… nada importante. En realidad, la conversación me parecía intencionalmente trivial, y eso me ponía los pelos de punta.

Escuché todo como si mi vida dependiera de ello. De todos modos, Meg sabía perfectamente que podía escuchar cada palabra de lo que decían, sin importar lo lejos que me encontrara.

Pero en realidad lo que quería escuchar era la camaradería en sus palabras, la forma peculiar en la que alguien hablaba cuando tenía total confianza en su interlocutor… cuando de verdad se tenían afecto. Me recordaba a las conversaciones de los familiares, de mis familiares. Concretamente, me hacía querer hablar con Lexy. Antes del incidente, ella y yo solíamos decirnos todo. Éramos pequeños, aún no se suponía que tuviéramos secretos complicados, pero nuestra especie, y las cosas que yo escuchaba gracias a mi poder, hacían que supiéramos cosas que no deberíamos haber sabido. Solíamos hablar sobre la sed, y sobre la soledad, y también sobre cosas sin importancia, como hacía Meg ahora con la señora Smith.

Mi pecho se llenó de nostalgia y de repente ya no comprendía porqué me comportaba como lo hacía. ¿De verdad tenía tantas diferencias con mi familia? ¿No quería yo que Meg me amara incluso siendo un monstruo? Solté una risotada muda: Lo quería más que a nada. Más que al aire. De pronto todo lo que les reprochaba me sonaba terriblemente estúpido ¿quién era yo para juzgarlos por ser algo que simplemente no podían evitar?

Solté un largo suspiro cuando mis ojos, que paseaban por los estantes sin rumbo fijo se encontraron con un título familiar. Había escuchado tantas discusiones respecto al favorito de mi abuela, que sentía que lo había leído mil veces, a pesar de no haberlo hecho nunca en carne propia. Cuando era pequeño, ella solía leer “Cumbres Borrascosas” todo el tiempo. Sólo hasta que fui mayor entendí que intencionalmente desviaba su escudo mental para que pudiera escucharla.

Miré a Meg a través de un espacio vacío en el anaquel, deseando con todas mis fuerzas que ella pudiera formar parte de ese aspecto de mi familia. De ese aspecto de mi vida. Meg levantó la vista y me vio observándola por la pequeña ventana que dejaba un libro que no estaba en su lugar de la hilera. Me sonrió por un momento mientras yo la miraba atontado por todo lo que me provocaba.

La luz que entraba por la ventana hacía que se viera hermosa. Simplemente no podía deja de mirarla. La visión era cautivadora. Ella siguió mirándome, pero rió por algo que la señora Smith le había dicho. Para ser franco, ya ni siquiera la estaba escuchando. Sólo sonreí por su risa y me enamoré un poco más del sonido.

- Creo que iré a hacer un poco de té ¿te apetece, querida? –preguntó la señora en tono dulce. Meg asintió con una sonrisa y luego volvió a mirarme. Cuando la mujer se fue, ella se puso de pié y se acercó a mí.

- Nunca podré concentrarme si sigues mirándome de esa manera –me envolvió el cuello con los brazos y me plantó un pequeño beso en los labios. Yo me reí y fingí un tono inocente.

- ¿De qué manera?

- Como si me amaras –me quedé completamente quieto ¿de verdad había dicho eso? Abrí la boca, pero ninguna palabra salió de ella, sólo sonidos absurdos y sin sentido, que apenas pasaban por balbuceos. De repente me sentía nervioso. Mucho más nervioso de lo que jamás había estado.

- Yo- no quise- siento haber- no estaba- es que- eso es-

- ¿Will? –susurró después de soltar una pequeña risita. Contuve el aliento para intentar evitar seguir actuando como un idiota. No parecía una posibilidad, pero al menos tenía que intentarlo.

- ¿Sí? –pregunté cuando pensé que ya no iba a hablar. Se mordió el labio y lanzó una fugaz mirada al pasillo, asegurándose de que la bibliotecaria siguiera alejada.

- Yo también te amo –susurró tan bajo que creí que me lo había imaginado. Mi pecho se infló tanto que creí que tendríamos que limpiar mis pedazos cuando explotara. Le sonreí soltando el aire y la besé de nuevo, esta vez, un poco más profundamente, por lo menos, todo lo que nos permitía el espacio público.

- Creo que no tienes –me interrumpí para besarla de nuevo-… ni idea de cuánto te amo –susurré contra sus labios.

- ¿Meg? –preguntó en voz alta la mujer de cabello plateado al no ver a mi diosa en el mismo lugar de antes.

- Aquí estoy, señora Smith, iré en un segundo –contestó en voz más alta para que la escuchara-. Debo irme –susurró después, solo para mí. Asentí, pero cuando se alejó, no solté su mano.

- ¿Meg? –pregunté, y ella volteó la cabeza para mirarme. Tragué saliva-. ¿Quieres conocer a mi familia? –su sonrisa fue increíble, por lo cual no pude evitar suspirar. Asintió una vez y me llevé su mano a la boca para besarla como un caballero del siglo pasado antes de soltarla. Sus mejillas se tornaron rojas y la miré alejarse para volver con su vieja amistad.

9 comentarios:

  1. me encanto no quiero esperar una semana para que siga besitos y sigue escribiendo eres genial.


    Me emociono muicho cuando leo este fic!!!

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  2. holis soi yo, andripili,
    uuuu!! el amor!! que `puedo decirte, tus letras tus palabras me transportan....
    nada mejor que un capi tuyo para empezar el dia,
    espero nunca te canses de escribir....
    saluditos
    ojala nos hablemos pronto1
    cuidese señorita talento!!

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  3. Ahhh me encanto este capitulo ¿kmo reaccionara meg? aaa emocion ahi que esperar una semana pra leerlo no importa

    Besos

    Pd: segunda en comentar aaa

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  4. Naty!!! que hermoooosoooooo capitulo awww!!! mi Naty cada dia que pasa en especial los sabados em enamoro de will... peor sigo con mi inquietud que tienes lexy? que esconde? porque hay evasivas? ahi dios mi Naty iran a casa aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa diviiiiinooooo!!!!! pendiente para eleerte que este en examenes no implica que me aleje de mi pasion te adoro nena

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  5. hay me encantooo sisisi super super tiernoooooo

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  6. UFFFFFF TANTAS EMOCIONES JUNTASSS...Y MAS CUANDO UNO TMB ANDA ASI CON LAS EMOCIONES A FLRODE PIEL LEER RELATOS ASI DE BUENOS TE HACE ERIZAR..!!!!

    ME ENCANTA EN LA PERSONA QUE WILL SE CONVIRTIOOO...O A LO MEJOR SIEMPRE FUE ASI...O UN POCO MENOS Y CON MEG SE POTENCIOO.!!

    AHORA SI EN EL PROXIMO CAPITULO APARECE SU FAMILIA PUEDO JURAR QUE MORIREEE..!!1 JAJAJAJA
    AMO ESTA HISTORIAAAA Y ESTE CAPITULO TE QUEDO GENIAALLL...!!!1

    BESOS ENORMES..!!!

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  7. me encataaaaaaaaaa
    ahora va a concer a su familia!!
    waaaaaaaaa
    esto prometeee

    sigue asiii no pares de escribirr
    bsss(L)

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  8. wOraaaaaleees nu maa estaa geniial azO azO iia tenia lOs nerviiOs de punta pOrqee aun nO subiaas este capitulo jjejje bn creo qe no podree esperar para veer el siguientee jjejje eres buenisimaa en esto enceriO besOs muack

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  9. Aaaw! Naty ^^!
    Esta lindo este capi...
    Te cuento algo curioso. Hace unos dias me vino a la mente una idea de nueva historia, creo que tomare algunos personajes de Twilight, pero eso asun esta en duda, el punto es... que mi protagonista tmb es un lobo blanco XD jeje
    Y cuando lei que Will tmb era blanco me sorprendi... jejeje

    Buen capi. Besos lobunos... voy por el otro capi :]

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Por favor dejanos tu !!AULLIDO!!... asi es, !!TU AULLIDO!!
Y que se escuche fuerte y claro ya que son los que nos alimentan a seguir escribiendo^^
Ademas seras recompensado con un Edward, o el Cullen o lobo que quieras... (Menos Jacob, ese es !MIO!)XP
Kokoro



AULLA!!

Pueden robarte cada frase, cada palabra, cada suspiro y hasta el ultimo de los alientos. Pero, hay algo que tu sabes y que todas sabemos... aunque te roben todas tus ideas siempre tendras mas y mejores, por que luego de cada golpe siempre volveras mas fuerte.
Gracias Annie...