sábado, 24 de julio de 2010

Herencia Maldita - Cap 12 - Naty Celeste

Disclaimer: La Saga Twilight y los personajes originales son de la increíble Sthephenie Meyer, los personajes adicionales y la historia son mias (ojalá eso no sea algo malo XD)

Summary: El nunca quiso esto, todo lo que deseaba era ser normal, pero eso no era lo que el destino le deparaba al hijo de una híbrida y un licántropo.

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Capítulo 12 Conspiración

El día se alargó y se estiró entre historias, anécdotas y charlas sin importancia. Se sentía increíblemente natural, como si Meg hubiera pertenecido con nosotros toda su vida. No cabía en mí mismo del alivio. Jamás me hubiera atrevido a esperar un recibimiento tan increíble.

Seth se nos unió cuando cayó la tarde. Edward anunció su llegada segundos antes de que todos –excepto papá, mamá, Meg y yo mismo- arrugaran la nariz. Al parecer, aún les resultaba incómodo. Me pregunté cómo olería yo, pero no tuve que formular la pregunta en voz alta.

-¿Lobo nuevo? –murmuró Seth confundido a unos cuantos metros de la puerta. Entendí que olfateaba el automóvil. Tragué audiblemente. No había dicho “William”, ni siquiera “híbrido”… sólo “lobo”. Miré a Edward de reojo, pero él mantenía los ojos clavados en el piso. Me envaré y Meg me observó extrañada.

- ¿Qué sucede? –susurró un poco nerviosa a mi lado. Negué con la cabeza y fingí una sonrisa en su dirección.

- ¿Sabe sobre la manada? –me preguntó mi papá en voz alta. No habíamos tocado ese tema hasta ahora. Asentí con la cabeza al mismo tiempo que Meg. Papá sonrió como si ya hubiera sabido la respuesta, y luego continuó hablando.

- Él es Seth, es parte de mi manada –explicó mientras se escuchaban los pasos que se acercaban a la puerta, abrió mientras hablaba en un tono de voz normal.

- Oigan, ¿hay un lobo nue...? –dejó la frase en el aire cuando sus ojos se posaron en mí y en Meg-. ¡William! –casi gritó. Me levanté devolviéndole la sonrisa y me abrazó ligeramente. Él siempre había sido como parte de la familia.

Cuando se alejó me golpeó en el hombro sin fuerza.

- Así que salió a ti –bromeó con papá. Él se removió incómodo y yo fruncí el ceño cuando lo entendí: Seth no me había identificado porque yo ya no era lo que solía ser. Ya no era un híbrido, simplemente era un lobo. Completo, sin distinciones. Volteé hacia Edward y éste asintió levemente en mi dirección, pero sin mirarme.

- ¿Sólo lobo? –pregunté en voz alta. Varios miembros de la familia se envararon-. ¿Ya no tengo nada de híbrido?

- No, apestas a perro –confirmó Emmett con una carcajada. Miré a Meg y luego a mi padre. Él frunció la boca y luego se puso de pie.

- ¿Qué tal si salimos a caminar un rato? –preguntó con la voz calmada pero la expresión nerviosa. Podía notarlo en su semblante. Volví la cabeza a Meg de nuevo, pero Alice ya estaba a su lado, tomándole la mano. Ella sonrió a mi tía y luego levantó la vista para mirarme. Observó mi rostro por un segundo. Nunca pensé que me fuera tan difícil alejarme de una persona.

- Anda, ve –me alentó. Fruncí la boca y Alice puso los ojos en blanco.

- Solo vete, cachorro –bromeó-. Nos pintaremos las uñas, y luego te maquillaré, y hay que hacer algo con ese atuendo –murmuró mi tía entusiasmada.

Solté una pequeña risa y me incliné para besar a Meg en los labios. Claro que estaría bien, confiaba en ellos, solo no quería dejarla.

- Volveré en un rato, ¿de acuerdo? –murmuré y cuando asintió volví a besarla.

- Oigan, oigan, familia presente ¿recuerdan? –replicó Alice, y la fulminé con la mirada antes de suspirar y dar media vuelta.

Cuando salimos de la casa, papá y yo nos quedamos en silencio por un largo rato. Nos adentramos en el bosque hasta que no fuimos capaces de escuchar las voces provenientes de la casa.

- Así que… -comencé- ¿Soy un lobo? –tardó un segundo en responder.

- ¿No lo sientes? –replicó. Tragué audiblemente y tardé unos segundos antes de asentir con la cabeza.

- Sí, de hecho me he sentido… extraño desde que-

- Conociste a Meg –completó. Salté una roca para ganar tiempo. Me costaba horrores hablar de esa forma con él. Jamás había tenido siquiera una idea de lo que era estar en su lugar.

- Ajá. Fue entonces cuando dejé de escuchar las mentes de los demás –añadí. No pareció sorprenderle la noticia.

- Imprimar te hace un lobo –explicó en tono calmado-. Bueno, no exactamente, pero creo que aceptarlo sí.

- ¿A qué te refieres? –pregunté.

- Ser un lobo es parte de tu naturaleza… imprimar es parte de esa naturaleza. Meg te hace ser quien eres. El aceptarla significa aceptar lo que te has negado a ti mismo desde lo de-

Su frase se cortó de repente al mismo tiempo que mis manos comenzaron a temblar. Suspiré para intentar calmarme. Me resultaba incluso más difícil que antes el evitar transformarme. Cerré los ojos e intenté buscar algo con lo que distraerme.

- Ya no tengo sed –murmuré abriéndolos lentamente después de unos cuantos segundos. Papá solo me miraba sereno.

- Ese es mi chico –soltó sonriendo y acercándose un poco para golpearme en el hombro con el puño como lo había hecho Seth. Reí sin poder evitarlo: jamás me había sentido tan cerca de papá.

- Creo que ser un lobo no es tan malo después de todo –bromeé.

- Sólo piensa en Meg –murmuró. Sentí mi corazón hincharse con la simple mención de su nombre.

- Eso es… increíble –suspiré como un idiota y papá se rió de mí y me despeinó el cabello con una mano.

- Lo sé –concedió después de unos segundos.

Nos quedamos callados por un momento, cada uno sumergido en sus pensamientos, y cuando volvió a hablar sonaba muy entusiasmado.

- ¿Qué me dices de una carrera? –preguntó de repente en un tono muy alto. Solté una carcajada.

- ¡A la línea del bosque! –solté y comencé a correr tan rápido como pude. Lo escuché maldecir y luego salir disparado tras de mí.

Le llevé ventaja por casi dos minutos antes de que se me adelantara. Pero cuando lo hizo, no fue como esperaba. El enorme lobo rojizo que conocía tan bien era el que me sobrepasaba en velocidad.

- ¡No es justo! –grité viéndolo alejarse. Escuché claramente su risa y luego un ladrido engreído. Me estaba retando. Lo conocía. La respiración se me aceleró cuando intenté correr con más velocidad, sin lograr siquiera acercarme a él. Gruñí sin poder evitarlo-. ¡Bien! –grité justo antes de dejar que el calor me consumiera de nuevo. Antes de ser consciente de lo que hacía, ya veía el suelo pasando con rapidez debajo de mis patas.

Aceleré el paso y lo alcancé fácilmente. La adrenalina se expandía a sus anchas por mi cuerpo, haciendo que casi ni sintiera el suelo. “Blanco, ¿eh?” escuché a mi padre y casi me detengo por la sorpresa. Él aprovechó para sacarme un poco más de ventaja.

“¿Papá?” pregunté como un idiota. Pero tenía que estar seguro de no habérmelo imaginado. “¿Quién más podría ser?” preguntó con su habitual tono burlón. Puse los ojos en blanco y comencé a correr un poco más lento, adoptando un paso un poco menos apretado. Papá lo notó y se detuvo un poco más adelante. Dio media vuelta para encararme cuando me quedé en mi lugar.

“¿Qué sucede?” preguntó mirándome. Fruncí el entrecejo. “Te escucho” respondí. Papá levantó las cejas en una expresión un poco divertida. O al menos eso era lo que podía interpretar en el rostro lupino. Sin embargo, no remarcó que estaba diciendo algo totalmente obvio. Sólo esperó a que continuara. Suspiré profundamente.

“¿Eso significa que soy parte de tu manada?” pregunté intentando escoger mis palabras con cuidado. Se tomó un momento antes de contestar. “Estaría realmente orgulloso si decidieras eso. Pero no, no lo eres”. “¿Por qué?” repliqué sin entender.

“Eres un alpha –explicó-. Supongo que has estado por tu cuenta por demasiado tiempo”. Hice una mueca. No me gustaba como sonaba eso. “¿Entonces sólo tú y Quil pueden escucharme?” pregunté. Esos eran los alphas de ambas manadas desde que Sam había abandonado la vida de lobo por Emily, mucho antes de que yo naciera. Él negó con la cabeza.

“Quil dejó su puesto hace años, poco después de que tú te marcharas” respondió. Abrí los ojos como platos y luego sonreí internamente. Era genial que hubiera podido renunciar a su espíritu lobo para vivir con Claire. “¿Cómo lo sobrellevan?” pregunté. “Genial. Están mejor que nunca”

Dudé un segundo en mis siguientes palabras.

“¿Y la otra manada?” solté finalmente. “Ahora sólo hay una. Los de la manada de Quil creyeron que sería mejor de esta forma… en realidad ninguno quería asumir el lugar de cabeza de la manada” soltó una risa mental grave y mis ojos se dilataron “Eso es extraño” murmuré. “Mucho” coincidió. Era cierto. Las manadas normalmente tenían un sistema de jerarquía que no solía doblarse ni alterarse. El lobo beta ocupaba el lugar del alpha cuando este se retiraba. Era pura lógica.

“¿Quieres pasar por La Push?” me preguntó de repente, sacándome de mis pensamientos. Me imaginé a mí mismo en ese ambiente en el que jamás había encajado. En ese en el que no me sentía ni seguro ni bienvenido y tuve que esforzarme por no encogerme. Tragué en seco y le ofrecí a papá una mueca un poco extraña, que intentaba pasar por sonrisa.

“¿Quizás mañana?” respondí, y sonó como una pregunta. Él asintió y se acercó un poco. “¿Prefieres volver?” sopesé la idea por un segundo. Quería volver con Meg, pero se sentía increíblemente bien en ese momento. “De hecho, sólo quiero correr” dije sinceramente.

“¿Patrullamos, entonces?”. Me imaginé por un segundo cómo me hubiera sonado esa frase hacía apenas unos cuantos meses. Me reí internamente y solté el aire en un suspiro prolongado, encogiéndome de hombros. “¿Por qué no?”.

Nos dividimos los lados del bosque. Papá patrullaba por el lado de La Push y yo por el que circundaba los bosques cercanos a la finca. Era extraño, pero hacíamos un muy buen equipo. Por supuesto que no encontramos absolutamente nada. Casi todos los vampiros estaban al tanto de la extraña situación del lugar. Así que en su mayoría preferían mantenerse alejados.

Después de unas cuantas horas papá volvió a hablar de algo que no estuviera relacionado con el bosque que nos rodeaba. “¿Cómo…” comenzó, y luego se quedó callado.

“¿Sí?” le insté. “¿Cómo conociste a Meg?” preguntó finalmente. Sonreí para mis adentros. No tenía idea de porqué, pero me hacía sentir importante que se interesara por lo que sucedía en mi vida, incluso a pesar de cuánto había luchado para mantenerlo alejado de ella. “Fue hace unos meses” comencé. Por unos segundos dudé si debía contarle todo, los lugares a los que me mudaba y las cosas que hacía para que no me descubrieran, pero luego sacudí la cabeza acomodando mis ideas. Tenía que sincerarme conmigo mismo: jamás me había sentido tan cómodo con mi familia como me sentía justo en ese instante. No planeaba escaparme de ellos de nuevo.

“Me mudé a un departamento en el último piso de un edificio. Meg vivía en el apartamento de junto” sonreí internamente al recordar la forma en la que había golpeado la pared para que detuviera la música. “Entiendo si prefieres no decir… el lugar” murmuró mi padre con un tono un poco menos despreocupado.

“No planeo irme de nuevo, papá. Al menos no sin que sepan dónde estoy” aclaré rápidamente. Hizo una pequeña pausa y luego su tono volvió a ser el mismo de antes, aunque incluso más relajado. “Me alegra que la hayas conocido” casi susurró. “También a mí” confesé. “¿Qué dices si volvemos a casa? Supongo que ya deberás extrañarla lo suficiente” me reí. “¿Siempre es tan difícil alejarse?” pregunté, sabiendo que él también debería estar ansioso por volver con mamá.

“Se vuelve peor con el tiempo” murmuró. Tragué en seco. “¡Diablos! ¿Cómo lo soportas?” tardó unos cuantos segundos en contestar, y cuando lo hizo, parecía dudar a cada palabra que pronunciaba. “En una manada con tantos miembros nuevos, es difícil mantenerse alejado. La… responsabilidad para con la tribu… es algo bastante abrumante”.

Sopesé su frase por unos segundos.

“¿Crees que por eso volví? ¿Por la tribu?” pregunté. Otra pausa. “Quizás no conscientemente, pero en algún nivel, creo que eso te hizo querer volver”. “Quería volver a verlos” admití mientras dejaba de correr y adoptaba un paso más ligero. Ya podía ver las luces de las casas a lo lejos, y a papá a unos cuantos metros de distancia de mí, caminando en la misma dirección.

“Lo sé” concedió. “Pero creo que al ser tu familia, ellos son algo más que tu naturaleza intenta proteger”. Lo pensé detenidamente. No lo había considerado de esa forma, pero parecía tener sentido. Mucho sentido. Incluso aunque en su mayoría fueran vampiros. “A todos ustedes” corregí finalmente. No se había incluido él mismo en la frase.

- Puede que te estés volviendo paranoico –bromeó en voz alta. Lo miré para notar que ya había salido de fase-. ¿Qué dices si primero vamos a casa para buscar algo de ropa? No tuve tiempo de quitármela antes de transformarme. ¿Puedes volver ahora, o necesitas un minuto para concentrarte?

No respondí. Simplemente levanté ambas patas delanteras del suelo para que se convirtieran en manos antes de relajarse a los costados de mi cuerpo.

- Creo que estoy bien –contesté con algo de orgullo.

- Eres bueno –me felicitó mi padre antes de darme un golpe sin fuerza en el hombro con el puño. Le sonreí y ambos nos dirigimos a la casa en la que había vivido antes de escaparme. Nos vestimos rápidamente. Él me prestó un par de pantalones gastados y salimos hacia la casa en la que se escuchaba a la mayoría de los demás.

No escuchaba a Edward y Bella, así que asumí que estarían en su casa, pero todos los demás permanecían en el edificio principal. Entré sonriendo sin golpear la puerta, como lo había hecho toda mi vida.

- ¡Wau! ¡Ahora sí pareces un perro! –se burló Emmett. A duras penas aparté la vista de Meg para verme a mi mismo, intentando identificar a lo que se refería. Me miré el cuerpo un poco confundido. No había nada extraño, aunque quizás hablaba del lodo que me cubría.

- ¿Por lo sucio? –pregunté confundido frunciendo el ceño. Sólo se rió más fuerte.

- Por la aversión contra los atuendos completos –aclaró. Volví a echarme un vistazo y noté que solo llevaba los pantalones de papá. Me reí con ganas y seguí caminando hasta sentarme en el sofá, a un lado de Meg.

- Realmente no les molesta ¿cierto? –murmuré justo antes de darle un beso en los labios a modo de saludo. Meg se sonrojó y me apoyó una mano en el pecho. Jasper se alejó disimuladamente.

- Lo siento, Jazz –murmuré esforzándome para alejar la vista de Meg.

- ¿Qué hiciste? –preguntó Meg con curiosidad. Negué con la cabeza, pero me apoyó una mano en la mejilla para que tuviera que mirarla. Suspiré.

- Jasper puede sentir lo que las demás personas sienten. También puede manipular los sentimientos por un periodo de tiempo, es muy sutil… pero cuando hay emociones demasiado intensas, tienden a confundirlo –me acerqué y susurré en su oído a pesar de que sabía que todos en la habitación podían escucharme-. Cosas como la lujuria o la pasión tienden a incomodarlo.

Meg se encogió un poco y cuando me alejé vi su rostro totalmente rojo.

- Lo siento, Jasper –añadió, y yo me reí con ganas, de nuevo orgulloso de mí mismo por hacerla sentir de esa forma.

- No te preocupes –murmuró-. Con los años me he visto forzado a acostumbrarme –lanzó una mirada fugaz en la dirección de papá, que había tomado entre sus brazos a mamá, en un rincón de la sala.

- ¿Yo? –dijo él fingiendo un tono ofendido-. ¡Yo no he hecho nada! ¡Soy un santo!

Todos en la sala soltaron una carcajada cuando Jazz levantó una ceja.

- Lo que digas –replicó con tono irónico y poniendo los ojos en blanco-. Sólo no te desmiento por respeto a las señoritas presentes –agregó acercándose a Alice y plantándole un corto beso en los labios.

Después de eso, solo nos dedicamos a mirar televisión por un rato. No había casi nada bueno, pero Emmett se reía de tal forma de las comedias de mala calidad, que todos nos reíamos con él. Era inevitable que te contagiara de su buen humor, y más aún cuando el ambiente se sentía tan correcto.

Mamá preparó la cena para los cuatro y comimos mientras Esme bromeaba acerca de que ahora yo comía como un licántropo. Me reí ante la ironía de la frase, pero luego pensé en lo que significaría “comer como un híbrido”, y me estremecí. Meg notó mi cambio de humor y apoyó una mano en mi pierna para tranquilizarme. Funcionó como un encantamiento, por supuesto.

Acordamos dormir en la casa de mamá y papá. Había tres habitaciones, así que sería perfecto. Edward y Bella aún no habían vuelto, pero de todas formas los veríamos al día siguiente, así que nos despedimos por la noche y nos marchamos a la casa más pequeña y cálida, pero igualmente lujosa.

Al entrar a mi antigua habitación, mi buen humor decayó como si me hubieran arrojado un baldazo de agua fría. Todo estaba exactamente igual a como lo recordaba. Bueno, al menos la mayoría de las cosas. Notaba los sutiles cambios: habían vuelto a poner todo en su lugar después de mis desastres, y todos los arañazos en el piso y las paredes habían sido reparados. Transformarme involuntariamente había sido muy desastroso al principio, y ahora simplemente ya no había ningún rastro.

- ¿Todo está bien? –murmuró Meg desde la puerta. Lexy le había cedido su habitación, así que dormiría en su cama mientras yo dormía aquí. Al parecer, Lexy casi ya no la usaba, no siendo capaz de dormir más de un par de horas por día. La miré asintiendo con la cabeza e intentando controlar mi expresión. No quería que notara que sólo podía pensar en las largas semanas que había pasado encerrado entre estas cuatro paredes, lamentándome por haberme convertido en un asesino… en un monstruo.

Meg se acercó y puso una mano en mi mejilla, buscando mi mirada con sus grandes ojos. Cerré los míos para que no pudiera analizar mi expresión e incliné la cabeza contra sus dedos mientras sostenía su mano contra mi cara con la mía, entrelazando nuestros dedos. La sentí cuando me besó los párpados lentamente y luego le devolví el beso cuando sus labios rozaron los míos. Se sentía como volver a respirar luego de que los recuerdos me quitaran el aliento.

- ¿Me dirás qué te sucede? –susurró muy despacio, apoyando su otra mano al otro lado de mi rostro para enderezarlo. Abrí los ojos lentamente e hice una mueca con la boca cuando vi sus ojos.

- Demasiados recuerdos –musité. No quería darle demasiados detalles.

- Es diferente ahora –me recordó. Suspiré muy profundamente.

- Lo sé –admití soltando el aire-. Es sólo que… -negué con la cabeza haciendo una mueca.

- Pero de todas formas es igual –comprendió mirando alrededor. Hice una mueca y asentí casi imperceptiblemente.

Suspiró llenando sus pulmones, justo como yo lo había hecho antes y volvió a ponerse en puntitas de pie para besarme de nuevo. La cabeza comenzó a darme vueltas después de un segundo y recordé lo mucho que había cambiado en todo ese tiempo. Lo mucho que me había cambiado ella. Sus manos se enredaron en mi cabello corto y las mías se aferraron a su cintura, pegando su cuerpo solo un poco al mío. Después de solo un par de minutos, ya no podía pensar en lo que fuera que me molestaba antes. De hecho, ni siquiera podía recordar mi propio nombre. El beso no era desesperado ni desmedido, en realidad solo era increíblemente dulce, y muy sensual a la vez.

Cuando se alejó, su respiración estaba entrecortada y sus mejillas se habían vuelto rosadas, así como parte de su cuello. Me mordí el labio y le tomé la barbilla con los dedos para atraer su boca a la mía una vez más.

- Gracias –susurré cerca de sus labios.

- Sólo no olvides que te amo, ¿de acuerdo? –le sonreí. Volvió a besarme y luego volteó para dirigirse a su habitación.

Luego de quedarme solo, intenté no pensar en algo que no fuera el beso de Meg. De hecho, era bastante fácil concentrarme en eso. Luego la escuché con atención dando vueltas en la cama por un buen rato mientras intentaba conciliar el sueño. Como a las tres de la mañana, cuando yo aún miraba el techo, Meg se apareció en el umbral de mi puerta. Le sonreí.

- ¿Tampoco puedes dormir? –susurré. Negó con la cabeza-. Ven –agregué. Gateó por mi cama hasta quedar a un costado de mi cuerpo y yo la tapé con las cobijas que eran tan inútiles ahora para mí.

Se acomodó en mi pecho encajando perfectamente y suspiró llenando sus pulmones. Hice lo mismo, embriagándome con su dulce perfume, dejando que me tranquilizara.

- Me alegra mucho que estés aquí –murmuré contra su cabello. Soltó un pequeño sonido de aprobación, y luego de un par de segundos se quedó dormida en mi pecho. Bastaron unos cuantos minutos para que el sueño y el cansancio me vencieran.

Cuando desperté, podía escuchar todo con claridad, aunque intenté no moverme para no despertar a Meg. Miré el reloj de reojo y marcaba las ocho de la mañana. Las voces provenían del bosque, cerca de la línea de los árboles de detrás de la casa principal.

- No, no podría saberlo sin hacer algunas pruebas –decía Carlisle. Su voz era apenas un susurro, pero la escuchaba claramente al no haber ningún ruido cerca. Contuve la respiración. No me concernía la conversación, pero sin embargo quería saber de qué se trataba.

- ¿Nada? ¿Ni siquiera una aproximación? –susurró mi madre. Escuchaba a papá gruñendo por lo bajo de vez en cuando.

- No sé nada con exactitud, entre tanto no se lo digamos a Will, no hay nada que pueda hacer.

- ¿Qué tal confrontar a Meg? –intervino Rose. ¿Hablaban de nosotros? Me envaré de inmediato.

- No podemos confrontarla por separado. Él notará que algo va mal. Están mucho más conectados de lo que parece. Y si no se lo dijo hasta ahora debe tener sus razones –ahora Jasper era quien hablaba-. ¿Tú estás realmente seguro?

- Shh –ordenó alguien de repente.

No lo podría haber asegurado, pero apostaría a que había sido Edward.

- Sí –murmuró después. No sabía si estaba contestando a la pregunta de Jasper o alguna no formulada que había escuchado en la mente de alguien más-. Luego –agregó un segundo después.

Justo entonces, Meg se removió a mi lado y yo sonreí y me concentré en ella.

- Hola –murmuró deslizando su mano por mi pecho y mi sonrisa se amplió.

- Buenos días –respondí dándole un rápido beso en la coronilla-. ¿Dormiste bien?

- De maravilla –murmuró aún con la voz ronca mientras se movía un poco, probablemente para despertar sus músculos. Sentí su pierna rozar la mía y me sorprendí de mi autocontrol: había pasado horas enteras en la cama con ella y no había intentado nada indecoroso.

Bostezó y se incorporó estirando los brazos sobre su cabeza.

- ¿Crees que pueda darme una ducha? –preguntó.

- Claro, lo que quieras –aseguré. El baño está saliendo de aquí, a la vuelta de la esquina. Me sonrió y fue a buscar su ropa y sus elementos de aseo antes de meterse al baño. Me quedé sopesando las palabras de mi familia por un momento. ¿Algo que Meg no me había dicho? Intenté escuchar algo de lo que sucedía en la casa, pero la mayoría de las conversaciones giraban en torno al próximo viaje de caza. Alice parloteaba sobre un traje que diseñaba para Rosalie, y Emmett hacía bromas sobre que se excedía con la cantidad de tela. Fruncí el ceño. Todo me parecía increíblemente premeditado. Otra vez maldije frustrado para mis adentros por no saber qué rayos estaban pensando.

- ¿Will? –susurró Meg desde la ducha-. ¿Tus padres siguen en casa? –preguntó. Sonreí y salté de la cama como impulsado por un resorte. Me acerqué a la puerta del baño.

- No, estamos solos –le informé-. ¿Qué sucedió?

Soltó una risa.

- Sólo pensaba en que tú también debes ducharte –murmuró con la voz sexy. Tuve que evitar gruñir.

- Cuidar el planeta es trabajo de todos ¿Quieres ahorrar agua?

14 comentarios:

  1. Jajajajajaaja 100% de acuerdooo!!!1 a ahorrar aguaaaa!!!!

    Diooss!!! jajaaj pobre Jazz!!!


    me encantaaaa!! aunque estoy media trastornada... que diablos le pasa a Meg? QUE ES MEG? QUE ES???


    Muerooooo!!!1!


    te quedo asombroso Natyy!!

    besos!
    cdt!
    tk!

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  2. waaaa k bueno de de ahorrar aguaa XD
    me encanto el cap

    k pasara con megg¿?
    estoy k muero de la intrigaaaa!!!

    buenoo espero el proximo capp

    bsssss (L)

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  3. Naty Cleste mas conocdida como Che !!! me queres matar de la ansiedad señorita que se trae megg? que se traen los cullen?los black cullen? que es Megg? llevo dias preguntandome que es Megg!!
    Cada vez esta mejor este fic, diria que me comeria las uñas pero ya lo hice... asi que ansio leer el siguiente aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa me encnataaa

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  4. Creo que es la pregunta que haré es la misma que todas... ¿Que o quien es Meg?? Ya quiero saber...
    y lo de ahorrar agua estuvo genial.

    Saludos Naty.

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  5. ohhhh!!!!!! me encantaaa este FICCC!!! Dios, me muero por leer el siguiente capitulo....
    oh!!! es un acrueldad esperar una semana... sniff!!!

    Besotes

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  6. Guauu asique eso es lo escodia EDward, bueno.. pero eso ya lo sospechaba.

    Pero que es meg o que le pasa a ella???

    Un beso, Naty H.

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  7. me encantaaaa!!!! sisisiss pero q onda con meg? q pasa con ella ?

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  8. El fic está muy bueno, Naty! Es completamente adictivo...
    En mi opinión Meg tiene alguna enfermedad, aparte del asma. Espero no tener razón y que nos sorprendas a todos.
    Beso

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  9. Yo también me pregunto lo mismo que todas. ¿Quë esconde Meg? ¿Quizás en el próximo capítulo lo sepamos?
    Bueno, no nos queda otra que esperar!!!
    ¡Gracias por compartir con nosotras tu talento y tu tiempo!!!!!!
    N.Ch. Santa Fe. Argentina

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  10. que divino el finall..!! muy ecologicooo..!! jajaja
    natyyyy...llo uqe esperaba este capitulooo..!!!
    te quedo muy lindooo...ahora muero de la intriga ´por saber que oculgta meg..!!!
    estara embarazadaa..??
    lo sabraaa.??? sera esoo..??
    ya quiero el proximooo..
    lo quiero,....lo quierooo..!!1

    besos enormes..!!!

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  11. okei q genial jajajaja spero el pox. capi, a y kiero saber k le aculta meg a will jajajaja, besos auhhhhhh

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  12. oo..estuvo genialoso....

    y...siii....a cuidar el planeta!!!!

    y....que le pasará a Meg..estaRá enfrma...????

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  13. Oh Dios, Oh Dios!
    Meg es una hibrida?!
    Dios Dios Dios!
    Uuuy, esta historia cada dia se pone mejor! XD
    BL's Mi naty hermosa! Continua escribiendo sino... XD como tu me dijiste con los Winchester, te armo un escandalo!
    Bueno, eso no me dijiste, pero yo si te armo un escandalo! XD

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Por favor dejanos tu !!AULLIDO!!... asi es, !!TU AULLIDO!!
Y que se escuche fuerte y claro ya que son los que nos alimentan a seguir escribiendo^^
Ademas seras recompensado con un Edward, o el Cullen o lobo que quieras... (Menos Jacob, ese es !MIO!)XP
Kokoro



AULLA!!

Pueden robarte cada frase, cada palabra, cada suspiro y hasta el ultimo de los alientos. Pero, hay algo que tu sabes y que todas sabemos... aunque te roben todas tus ideas siempre tendras mas y mejores, por que luego de cada golpe siempre volveras mas fuerte.
Gracias Annie...